Juan Pablo Duarte en Venezuela (II): Lic. Juan Carlos Reyes. Historiador venezolano
Juan Pablo Duarte
La Prudencia como virtud
Juan Pablo Duarte en el Amazonas y el Apure
Por Lic. Juan Carlos Reyes
En su corta estadía por primera vez en Caracas Juan Pablo Duarte se encarga, junto a sus familiares venezolanos, de la composición de los títulos de los bienes inmuebles que poseía la familia. Aparentemente y luego de su apresurada partida de la isla, Duarte imagina que este viaje habría de ser definitivo; es probable que la saña y el odio con el que fue tratado por el gobierno de su país le indicaran que su vida tenía que –definitivamente- tomar un nuevo rumbo. Debía, en principio tratar de salvar su vida y la de sus familiares perseguidos, además de poner las cosas de la economía familiar en orden.
Por las señas que se desprenden de los documentos de propiedad de las casas de la familia Duarte Diez en Caracas puede notarse que la fortuna familiar estaba bien consolidada. Tan solo por el hecho de la ubicación geográfica en la ciudad puede inferirse la valía de los inmuebles, pues todos estaban en la zona central de la ciudad, al lado de las casas de las familias más prominentes del país. Cabe anotar que, para el momento, el casco central de Caracas estaba habitado por los ciudadanos más prominentes del país; como ejemplo podemos mencionar que la casa en la que vivió el General Duarte hasta sus últimos días, quedaba a unas cinco cuadras de la casa de la familia Bolívar, donde nació El Libertador.
En estos primeros años de la llegada de Duarte a Venezuela, el país está sumamente convulsionado y se debate entre diversos intereses políticos: por un lado estaban los militares veteranos de la Guerra de Independencia que ejercían fuertes presiones por encargarse del poder tras la creencia de que por el solo hecho de su participación en la guerra les hacía meritorios para ello, tales como José Antonio Páez (primer Presidente de la República), Carlos Soublette y los hermanos José Tadeo y José Gregorio Monagas, también Presidentes sucesivos.
Por otro lado, el Partido Liberal, recién formado y que iniciaba una fuerte lucha para encargarse del poder, eran los comerciantes e intelectuales del ámbito civil que impulsaban las ideas del desarrollo del país según las recién estrenadas ideas liberales –sobre todo en lo económico-, mediante las cuales se presentaban como el sector más idóneo para regir los destinos de la nación; destacaban entre ellos los intelectuales Antonio Leocadio Guzmán y Tomás Lander, fundadores del partido y polémicos propagandistas de las ideas liberales.
Por último, pugnaban también por hacerse del poder los hacendados, responsables de la producción agrícola y pecuaria como base de la economía del momento, quienes pasaron a denominarse Conservadores y también presionaban por encargarse del poder con base en la autoridad que generaba su poderío económico.
Es necesario acotar que las denominaciones de Conservador o Liberal no tenían en la Venezuela del momento ninguna diferencia radical de pensamiento pues, en ocasiones, los denominados Conservadores adoptaron medidas tan liberales, que hasta los dirigentes Liberales tendían a criticarlas y enfrentarlas públicamente, tal como el caso de las leyes del 10 de abril de 1834 y la ley de “Espera y Quita” –dictadas por gobiernos denominados Conservadores-, que dejaron las transacciones comerciales en manos de las partes sin intervención efectiva del Estado, por lo cual fueron a la ruina una considerable cantidad de hacendados y comerciantes de cualquiera de los bandos.
Este fuerte enfrentamiento político se expresaba en manifestaciones y protestas populares en las calles de las principales ciudades y en los campos. En las ciudades, la constante eran los arrestos, persecuciones y confiscaciones de bienes y, en el campo, alzamientos, montoneras y guerrillas, lo que hacía que se caldearan los ánimos y se mantuviera el país en una permanente zozobra, al punto de que podría afirmarse, sin temor a equivocarnos, que Venezuela a lo largo de todo el siglo XIX vivió una sola guerra civil, con algunos, muy pocos, momentos de calma.
Ante tal inestabilidad política y en su condición de extranjero y exiliado, para más señas, por el gobierno dominicano que en algunos momentos fungía como aliado de Venezuela, Juan Pablo Duarte decide no comprometerse –mucho menos a su familia- e internarse en lo más recóndito del país. Dirige su rumbo hacia la población de San Carlos de Río Negro (hoy Municipio del estado Amazonas) con intención clara de pasar inadvertido.
Esta región, habitada en su mayoría por tribus indígenas como los makiritares y los piaroas, y por comerciantes que se dedicaban al comercio fluvial es la que se encuentra Juan Pablo Duarte; y de allí que sea la razón principal por la que muchos de sus biógrafos pensaran en su condición de apóstol y de misionero. Se hace realmente difícil pensar que un hombre de letras –en su condición de políglota por sus estudios en Europa- pero más difícil aún, en su condición de conspirador político y de guerrero militar en su país natal, el General Duarte se haya dedicado en esas selvas al arte de la contemplación.
Incluso, la mayoría de los escritores que han tratado este episodio de la vida del prócer han considerado que su periplo por las selvas vírgenes y en convivencia con los indígenas de la región fue de aproximadamente doce años; sin embargo, investigaciones más recientes han podido demostrar que ya para 1856 Duarte se había trasladado a la región del Apure –los llanos centrales de Venezuela- y se había asentado en la ciudad de Achaguas que era la capital del estado para la época y el centro de una región de mucho movimiento económico –por ser una zona ganadera por excelencia-, y adonde se habían trasladado muchos de los intelectuales, políticos y militares inconformes con la manera como se administraba el país desde el gobierno central.
Aparentemente, en su estadía por las vírgenes tierras del Amazonas trabó gran amistad con un cura misionero de origen italiano y de nombre Juan Bautista Sangénis; esta amistad es significativa para su vida pues, sin caer en elucubraciones innecesarias, se sabe que la mayoría de los evangelizadores que enviaba la Iglesia a los predios más intrincados del país poseían una fuerte formación intelectual, la que podía usarse para la predicación y formación del ejército de Dios tras el envío de sus mejores soldados; al menos había sido siempre así en Venezuela.
Respecto a su vida y condiciones de manutención, sí es probable que haya sido muy austera y que debe haber desarrollado actividades básicas de supervivencia aunque, esa amistad con el presbítero, debe haberle aliviado un poco sus desdichas por contar con la colaboración desinteresada del cura, pues era tan estrecha su relación de amistad con este, que se traslada en su compañía y a los pocos años a la región del Apure.
Creía Juan Pablo Duarte que unos pocos años de desaparición de la escena pública, probablemente lograrían que sus enemigos políticos le hubieran olvidado o, al menos, ya no lo consideraran de cuidado.
Su llegada a Achaguas ya es representativa de las inquietudes políticas e intelectuales impetuosas del prócer. Achaguas es una ciudad del los llanos venezolanos muy famosa por la cantidad de combates que se dieron en sus alrededores y, sobre todo por ser el epicentro donde el General José Antonio Páez organizó todo su ejército de llaneros, lo que logró que la Guerra de Independencia venezolana pudiera, al fin, dar un vuelco a favor de los patriotas quienes habían sido, derrota tras derrota, puestos en desbandada.
El asfixiante calor de Achaguas y de todo el llano venezolano no debió amilanar al General Duarte, por estar acostumbrado a las altas temperaturas que, sabemos, existen en su país natal. Al contrario, es en estas regiones adonde se habían establecido –y Duarte quería conocerlos- buena cantidad de dirigentes veteranos de la guerra e intelectuales inconformes con la situación política del país, por ser oriundos de allí o porque históricamente la ciudad había sido ideal para el desarrollo de conspiraciones y de ejércitos para enfilarse hacia Caracas. Es decir, volvía Duarte a sus andadas, a acercarse a los círculos de discusión y de acción política.
En Achaguas se le consigue como participante de una sociedad política e intelectual denominada “Joven Achaguas”. Esta corporación se dedicaba a la difusión de ideas liberales de todo tipo, sean de fomento económico, sociales, políticas y algunas liturgias intelectuales que daban demostración del hervidero de ideas liberales que experimentaba la ciudad.
La sociedad “Joven Achaguas” estaba liderada por el señor Marcelino Muñoz quien era hijo de José Cornelio Muñoz, veterano General de la Guerra de Independencia; Juan Pablo Duarte dejó algunos rastros de su prosa en la publicación ordinaria de esta sociedad y, es en particular acerca de su estrecha amistad con este Marcelino Muñoz que escribe un sentido poema al momento de su muerte. Como se ve, ya estaba Duarte firmemente apegado a las ideas liberales, había trabado amistad con algunos dirigentes venezolanos y, como integrante directo de esa causa, había ingresado a las filas del movimiento que iniciaba también, como en su país natal, las nuevas y modernas ideas que pretendían cambios en todas las sociedades del mundo para la época.
No obstante, un nuevo hecho de armas lograría que Juan Pablo Duarte retornara a su actitud esquiva y prudente ante la sociedad venezolana pues, todos aquellos enfrentamientos de ideas políticas fueron generando a su vez los movimientos políticos y militares que en Venezuela, a finales de la década de los cincuenta del siglo XIX, habrían de desatar la guerra más sanguinaria y horrorosa que haya conocido nuestro país. Los vaivenes de la política llevaron a un nuevo enfrentamiento, algunos sectores sociales apoyaban un gobierno que fuera en esencia Centralista –impulsado desde los poderosos de Caracas, por supuesto- y otros sectores pugnaban por la Federación – que comandaban los también poderosos de la provincia. Nuevamente las ideas políticas se confunden y tanto Liberales como Conservadores pasaron alternativamente de un bando a otro lo que desencadenó la feroz guerra.
Por su carácter de guerra civil, fue un enfrentamiento entre hermanos y, como toda guerra de este tipo, contribuyó en buena parte a la desolación del país y a la pérdida de muchos hombres, sin que, al final, haya quedado ningún beneficio para ninguna de las partes y sí el dolor y la desesperación de muchos de los venezolanos: fue La Guerra Federal (1859-1863). El General Duarte debió pensar nuevamente en esquivar el conflicto para, de nuevo, proteger su vida en su condición de extranjero y, más aún, la de sus familiares que por ser venezolanos podían correr los riegos ordinarios de toda guerra.
En este periplo de Duarte por el estado Apure se sabe entonces que se dedicaba ya no sólo a la vida rutinaria y elemental de subsistencia, sino que ya se había vinculado a los sectores que poseían ideas similares a las suyas; sólo que la violencia del momento, que se vivía en Venezuela y tan parecida a la situación política en su país natal le hacían ser sumamente cauteloso y prudente. Era el momento en que la política se discutía con las armas en la mano.
En su corta estadía por primera vez en Caracas Juan Pablo Duarte se encarga, junto a sus familiares venezolanos, de la composición de los títulos de los bienes inmuebles que poseía la familia. Aparentemente y luego de su apresurada partida de la isla, Duarte imagina que este viaje habría de ser definitivo; es probable que la saña y el odio con el que fue tratado por el gobierno de su país le indicaran que su vida tenía que –definitivamente- tomar un nuevo rumbo. Debía, en principio tratar de salvar su vida y la de sus familiares perseguidos, además de poner las cosas de la economía familiar en orden.
Por las señas que se desprenden de los documentos de propiedad de las casas de la familia Duarte Diez en Caracas puede notarse que la fortuna familiar estaba bien consolidada. Tan solo por el hecho de la ubicación geográfica en la ciudad puede inferirse la valía de los inmuebles, pues todos estaban en la zona central de la ciudad, al lado de las casas de las familias más prominentes del país. Cabe anotar que, para el momento, el casco central de Caracas estaba habitado por los ciudadanos más prominentes del país; como ejemplo podemos mencionar que la casa en la que vivió el General Duarte hasta sus últimos días, quedaba a unas cinco cuadras de la casa de la familia Bolívar, donde nació El Libertador.
En estos primeros años de la llegada de Duarte a Venezuela, el país está sumamente convulsionado y se debate entre diversos intereses políticos: por un lado estaban los militares veteranos de la Guerra de Independencia que ejercían fuertes presiones por encargarse del poder tras la creencia de que por el solo hecho de su participación en la guerra les hacía meritorios para ello, tales como José Antonio Páez (primer Presidente de la República), Carlos Soublette y los hermanos José Tadeo y José Gregorio Monagas, también Presidentes sucesivos.
Por otro lado, el Partido Liberal, recién formado y que iniciaba una fuerte lucha para encargarse del poder, eran los comerciantes e intelectuales del ámbito civil que impulsaban las ideas del desarrollo del país según las recién estrenadas ideas liberales –sobre todo en lo económico-, mediante las cuales se presentaban como el sector más idóneo para regir los destinos de la nación; destacaban entre ellos los intelectuales Antonio Leocadio Guzmán y Tomás Lander, fundadores del partido y polémicos propagandistas de las ideas liberales.
Por último, pugnaban también por hacerse del poder los hacendados, responsables de la producción agrícola y pecuaria como base de la economía del momento, quienes pasaron a denominarse Conservadores y también presionaban por encargarse del poder con base en la autoridad que generaba su poderío económico.
Es necesario acotar que las denominaciones de Conservador o Liberal no tenían en la Venezuela del momento ninguna diferencia radical de pensamiento pues, en ocasiones, los denominados Conservadores adoptaron medidas tan liberales, que hasta los dirigentes Liberales tendían a criticarlas y enfrentarlas públicamente, tal como el caso de las leyes del 10 de abril de 1834 y la ley de “Espera y Quita” –dictadas por gobiernos denominados Conservadores-, que dejaron las transacciones comerciales en manos de las partes sin intervención efectiva del Estado, por lo cual fueron a la ruina una considerable cantidad de hacendados y comerciantes de cualquiera de los bandos.
Este fuerte enfrentamiento político se expresaba en manifestaciones y protestas populares en las calles de las principales ciudades y en los campos. En las ciudades, la constante eran los arrestos, persecuciones y confiscaciones de bienes y, en el campo, alzamientos, montoneras y guerrillas, lo que hacía que se caldearan los ánimos y se mantuviera el país en una permanente zozobra, al punto de que podría afirmarse, sin temor a equivocarnos, que Venezuela a lo largo de todo el siglo XIX vivió una sola guerra civil, con algunos, muy pocos, momentos de calma.
Ante tal inestabilidad política y en su condición de extranjero y exiliado, para más señas, por el gobierno dominicano que en algunos momentos fungía como aliado de Venezuela, Juan Pablo Duarte decide no comprometerse –mucho menos a su familia- e internarse en lo más recóndito del país. Dirige su rumbo hacia la población de San Carlos de Río Negro (hoy Municipio del estado Amazonas) con intención clara de pasar inadvertido.
Esta región, habitada en su mayoría por tribus indígenas como los makiritares y los piaroas, y por comerciantes que se dedicaban al comercio fluvial es la que se encuentra Juan Pablo Duarte; y de allí que sea la razón principal por la que muchos de sus biógrafos pensaran en su condición de apóstol y de misionero. Se hace realmente difícil pensar que un hombre de letras –en su condición de políglota por sus estudios en Europa- pero más difícil aún, en su condición de conspirador político y de guerrero militar en su país natal, el General Duarte se haya dedicado en esas selvas al arte de la contemplación.
Incluso, la mayoría de los escritores que han tratado este episodio de la vida del prócer han considerado que su periplo por las selvas vírgenes y en convivencia con los indígenas de la región fue de aproximadamente doce años; sin embargo, investigaciones más recientes han podido demostrar que ya para 1856 Duarte se había trasladado a la región del Apure –los llanos centrales de Venezuela- y se había asentado en la ciudad de Achaguas que era la capital del estado para la época y el centro de una región de mucho movimiento económico –por ser una zona ganadera por excelencia-, y adonde se habían trasladado muchos de los intelectuales, políticos y militares inconformes con la manera como se administraba el país desde el gobierno central.
Aparentemente, en su estadía por las vírgenes tierras del Amazonas trabó gran amistad con un cura misionero de origen italiano y de nombre Juan Bautista Sangénis; esta amistad es significativa para su vida pues, sin caer en elucubraciones innecesarias, se sabe que la mayoría de los evangelizadores que enviaba la Iglesia a los predios más intrincados del país poseían una fuerte formación intelectual, la que podía usarse para la predicación y formación del ejército de Dios tras el envío de sus mejores soldados; al menos había sido siempre así en Venezuela.
Respecto a su vida y condiciones de manutención, sí es probable que haya sido muy austera y que debe haber desarrollado actividades básicas de supervivencia aunque, esa amistad con el presbítero, debe haberle aliviado un poco sus desdichas por contar con la colaboración desinteresada del cura, pues era tan estrecha su relación de amistad con este, que se traslada en su compañía y a los pocos años a la región del Apure.
Creía Juan Pablo Duarte que unos pocos años de desaparición de la escena pública, probablemente lograrían que sus enemigos políticos le hubieran olvidado o, al menos, ya no lo consideraran de cuidado.
Su llegada a Achaguas ya es representativa de las inquietudes políticas e intelectuales impetuosas del prócer. Achaguas es una ciudad del los llanos venezolanos muy famosa por la cantidad de combates que se dieron en sus alrededores y, sobre todo por ser el epicentro donde el General José Antonio Páez organizó todo su ejército de llaneros, lo que logró que la Guerra de Independencia venezolana pudiera, al fin, dar un vuelco a favor de los patriotas quienes habían sido, derrota tras derrota, puestos en desbandada.
El asfixiante calor de Achaguas y de todo el llano venezolano no debió amilanar al General Duarte, por estar acostumbrado a las altas temperaturas que, sabemos, existen en su país natal. Al contrario, es en estas regiones adonde se habían establecido –y Duarte quería conocerlos- buena cantidad de dirigentes veteranos de la guerra e intelectuales inconformes con la situación política del país, por ser oriundos de allí o porque históricamente la ciudad había sido ideal para el desarrollo de conspiraciones y de ejércitos para enfilarse hacia Caracas. Es decir, volvía Duarte a sus andadas, a acercarse a los círculos de discusión y de acción política.
En Achaguas se le consigue como participante de una sociedad política e intelectual denominada “Joven Achaguas”. Esta corporación se dedicaba a la difusión de ideas liberales de todo tipo, sean de fomento económico, sociales, políticas y algunas liturgias intelectuales que daban demostración del hervidero de ideas liberales que experimentaba la ciudad.
La sociedad “Joven Achaguas” estaba liderada por el señor Marcelino Muñoz quien era hijo de José Cornelio Muñoz, veterano General de la Guerra de Independencia; Juan Pablo Duarte dejó algunos rastros de su prosa en la publicación ordinaria de esta sociedad y, es en particular acerca de su estrecha amistad con este Marcelino Muñoz que escribe un sentido poema al momento de su muerte. Como se ve, ya estaba Duarte firmemente apegado a las ideas liberales, había trabado amistad con algunos dirigentes venezolanos y, como integrante directo de esa causa, había ingresado a las filas del movimiento que iniciaba también, como en su país natal, las nuevas y modernas ideas que pretendían cambios en todas las sociedades del mundo para la época.
No obstante, un nuevo hecho de armas lograría que Juan Pablo Duarte retornara a su actitud esquiva y prudente ante la sociedad venezolana pues, todos aquellos enfrentamientos de ideas políticas fueron generando a su vez los movimientos políticos y militares que en Venezuela, a finales de la década de los cincuenta del siglo XIX, habrían de desatar la guerra más sanguinaria y horrorosa que haya conocido nuestro país. Los vaivenes de la política llevaron a un nuevo enfrentamiento, algunos sectores sociales apoyaban un gobierno que fuera en esencia Centralista –impulsado desde los poderosos de Caracas, por supuesto- y otros sectores pugnaban por la Federación – que comandaban los también poderosos de la provincia. Nuevamente las ideas políticas se confunden y tanto Liberales como Conservadores pasaron alternativamente de un bando a otro lo que desencadenó la feroz guerra.
Por su carácter de guerra civil, fue un enfrentamiento entre hermanos y, como toda guerra de este tipo, contribuyó en buena parte a la desolación del país y a la pérdida de muchos hombres, sin que, al final, haya quedado ningún beneficio para ninguna de las partes y sí el dolor y la desesperación de muchos de los venezolanos: fue La Guerra Federal (1859-1863). El General Duarte debió pensar nuevamente en esquivar el conflicto para, de nuevo, proteger su vida en su condición de extranjero y, más aún, la de sus familiares que por ser venezolanos podían correr los riegos ordinarios de toda guerra.
En este periplo de Duarte por el estado Apure se sabe entonces que se dedicaba ya no sólo a la vida rutinaria y elemental de subsistencia, sino que ya se había vinculado a los sectores que poseían ideas similares a las suyas; sólo que la violencia del momento, que se vivía en Venezuela y tan parecida a la situación política en su país natal le hacían ser sumamente cauteloso y prudente. Era el momento en que la política se discutía con las armas en la mano.
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Juan Carlos Reyes
Juan Carlos Reyes
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Juan Carlos Reyes es Licenciado en Historia graduado en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela. Maestría (Tesista) en Historia Republicana de Venezuela, Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela.
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Es Investigador del Departamento de Investigaciones de la Academia Nacional de la Historia, Caracas-Venezuela, donde ha trabajado en los proyectos “Administración de Justicia e Institucionalidad Jurídica en Venezuela Colonial (1700-1821)”, “Los Expedientes Judiciales en la Guerra de Independencia”, “Las Causas de Infidencia 1810-1819”.
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Ha publicado los siguientes trabajos:
-“Biografía de Vicente Salias” Biblioteca Biográfica Venezolana, Editado por el diario El Nacional y el Banco del Caribe, 2006.
-“El Diablo suelto en Carora. Historia de un Crimen”, Alcaldía del Municipo Torres, Carora, estado Lara. 2005.
-“Patrimonio de los Presidentes de Venezuela” Boletín Nº 4 del Archivo Histórico de la Contraloría General de la República. 1999;
-“La Formación del Pueblo. 1498-1830” en Venezuela 500 Años. Grupo Editorial City Bank. 1998
-“La Administración de Justicia en la Guerra de Independencia” Ediciones de la Universidad de Halle-Saalle. Ponencia presentada en Segundo Congreso Europeo de Latinoamericanistas, publicado en “Alejandro de Humboldt y Venezuela 1799 – 1999” Caracas Ediciones del Rectorado de la U.C.V. 2000,
-“Delitos y Pecados; La Administración de Justicia en Venezuela Colonial: La Bestialidad.” Libro Electrónico realizado por las ediciones de la Universidad de Salamanca. Salamanca. España. 1996.
-“Guarenas, Hierba Caribe”. Cuadernos de Historia Regional. Ediciones de la Gobernación del estado Miranda. Los Teques. 1993.
-“Petare” Cuadernos de Historia Regional. Ediciones de la Gobernación del Estado Miranda. Los Teques. 1993.
-“La Criminalidad en Venezuela. Delitos Sexuales: Caso La Bestialidad” Terceras Jornadas de Investigación Histórica. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1993 (en prensa).
-“La Criminalidad en Venezuela. Delitos Sexuales: Caso la Sodomía” Segundas Jornadas de Investigación Histórica. Ediciones del Rectorado. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1992.
-“Los expedientes judiciales como fuente para el estudio de la Historia Regional”. Universidad Centro-occidental Lisandro Alvarado. UCLA Barquisimeto. 1992 (en prensa).
-“Institucionalidad Jurídica y Administración de Justicia en Venezuela (1786-1830)” Coautoría con Dr. Pedro Sosa. Primeras Jornadas de Investigación Histórica. Ediciones del Rectorado. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1991.
-“Los Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela, como mecanismos de control fiscal” en Revista “Control Fiscal”. Contraloría General de la República. Año 1996.
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1 Comments:
Evidentemente pudieramos decir
el general Juan Pablo Duarte..
no realizo proselitismo
de ideas libertarias en venezuela,,
a sabienda que este tema ..
era la moda de la epoca,,,
es raro,,
como gestor de movimientos libertarios
seria una actitud conservadora
de su parte..
quisiera continuar,,,
este enlace,,
favor ,,escribir mi mail...
calcanocalcano08@hotmail.com,,
o visitar mi blogspots,,
en republica dominicana,,
RICARDO CALCAÑO Y ABUD BLOGSPOT.COM
AFECTOS,,,
SOLIDARIO,,
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