Nombre: pedsarod
Lugar: santo domingo, Dominican Republic

7.1.07

HISTORIA DE SANTIAGO DE CUBA (III): Lic. Luis Acosta Brehal


Lic. Luis Acosta Brehal



Desarrollo de la economía de plantación. Criollismo en la cultura y la sociedad. (1808-1836)

Por Lic. Luis Acosta Brehal

El siglo XVII fue para la Santiago de Cuba y el territorio directamente dependiente de ella, y aún un poco más, una centuria de lento crecimiento poblacional, así como económico y cultural. La sociedad vio definirse sus grupos, sectores y clases sociales; el criollo comenzó a sentir con creciente fuerza su íntimo vínculo con esta tierra y ello lo llevó a sentir que no era un español en el sentido pleno de la palabra, sin que esto significase que renunciara a la condición de súbdito de la monarquía ibérica, con la que sin embargo, ya existían contradicciones.

Las modificaciones sucesivas de la política económica de España en la colonia, ocurridas en lo fundamental durante las cuatro décadas finales del siglo, así como el fuerte incremento demográfico que significo la inmigración haitiano francesa desde 1792-93, y la pujanza de las actividades productivas y comerciales que éstos fomentaron, especialmente con el desarrollo del sistema de plantación –cafetalera y azucarera-, dieron lugar a cambios sustanciales en todos los órdenes de la vida territorial, los cuales se consolidarán y desarrollarán con rapidez en las primeras del siglo XIX.

Invasión napoleónica a España. Cambios políticos en la península y sus efectos en la Jurisdicción de Cuba.

Los haitiano franceses establecidos en la ciudad, -a los que comúnmente se les llamaba franceses-, no tenían dificultades puesto que España y Francia eran aliadas, pero hacia 1807 cambian las circunstancias al llegar la noticia de la proclamación de Fernando VII como Rey de España, y, sobre todo, de su posterior prisión a manos del emperador francés Napoleón Bonaparte. Poco después se produce la invasión napoleónica a España, a lo que sigue la insurrección madrileña y los fusilamientos masivos del 2 de mayo de 1808. En casi toda la península se generaliza la insurrección y se inicia una tenaz guerra de guerrillas contra el ocupante francés, surgen las Juntas de Gobierno en diversas localidades, y finalmente se produce la formación de la Junta de Sevilla que declara la paz con Inglaterra y la vuelta de las armas españolas contra Francia. De todo esto da cuenta oficial una comunicación del Capitán General al Gobernador del Departamento Sebastián Kindelán, a quién además se le ordenaba:
(...) y con respecto a los franceses que existan en ella para que con la discreción que corresponde en el caso presente se evite en tiempo que haya ocurrencia contra los buenos franceses, pues para los que no convenga su permanencia aquí, tomará las providencias que juzgue oportunas para la salida del país inmediatamente.(1)

Como se observa la orden de expulsión no era radical, y se dejaba al buen juicio del gobernador departamental la determinación acerca de quiénes debían ser expulsados. Tal actitud era lógica y realista ya que la presencia de estos emigrados había reportado grandes beneficios, los que aún podían aumentar, y la salida indiscriminada de todos significaría grandes pérdidas para la producción agrícola, la artesanal y el comercio. Kindelán publicó el oficio pero demoró su aplicación todo lo que pudo. En la ciudad sin embargo, la situación era bastante tensa porque muchos exigían la expulsión de los franceses, exigencia que tenía como motivo la natural animosidad dada por la situación en España, y el deseo de muchos oligarcas de adquirir a bajos precios las ricas propiedades y negocios que los inmigrantes habían fomentado. A ellos se sumaba la Iglesia.

El arzobispo Joaquín Ozez de Alzúa Cooperacio fue la principal figura de esta tendencia antifrancesa que llegó a producir desórdenes, amenazas y violencia física contra los inmigrantes y sus propiedades. Kindelán adoptó medidas policíacas con las que logró controlar en gran medida la situación, pero por ello fue objeto de numerosas denuncias y acusaciones, y bajo tales presiones tuvo que emitir en 1809 un edicto ordenando la expulsión de los franceses. Sin embargo, en los meses que transcurrieron antes del edicto, muchos emigrados, se naturalizaron súbditos españoles, o pudieron poner sus propiedades y fortunas a buen recaudo.

Las intrigas contra Kindelán provocaron que éste fuera separado del Departamento y enviado para la Florida a fines de 1809, y sustituido por el coronel Pedro Suárez de Urbina.
Para Santiago las guerras napoleónicas y la guerra franco-española, tuvieron consecuencias bien definidas: en primer lugar se produjo una fuerte crisis comercial, en segundo, la expulsión de los franceses en 1809 detuvo el crecimiento económico. En tercer lugar, quedaron presentes dos tendencias políticas que se sostendrán a lo largo del siglo:
(...) una reaccionaria y retrógrada tendiente a la conservación de los más rancios intereses de la metrópoli y otra más liberal, acorde con los nuevos cambios económicos del momento internacional, aprobatorio de la libertad de comercio, opuesta a los viejos patrones inflexibles que estancaban el progreso hacia nuevas formas, propulsores del mercantilismo y reacios a continuar con la aceptación de dogmas que mantuvieran el estancamiento.(2)

En España, en 1811, se convocó a Cortes Constituyentes siendo electo por esta ciudad el presbítero Juan Bernardo O’Gaban, nacido en ella el 2 de febrero de 1782. En 1812 las Cortes aprobaron una Carta Constitucional o Constitución, cuya puesta en vigor en Santiago de Cuba significó importantes cambios. El Cabildo integrado por funcionarios perpetuos se transformó en Ayuntamiento, cuyos miembros debían ser electos anualmente, excepto el Alguacil Mayor y el Alférez Real.

Pronto las recién formadas Juntas Populares nombraron sus compromisarios o representantes -todos ilustres patricios de la ciudad-, los que procedieron a elegir como Alcalde Constitucional al capitán del ejército Nicolás Limonta y al resto del Ayuntamiento, que quedó constituido el día 13 de septiembre de 1812. Con premura se adoptaron distintas medidas, entre ellas, el carácter público de las sesiones del Ayuntamiento, el nombramiento de una Diputación Provincial, y la independencia política de la provincia de Santiago de Cuba, esto último expresión de una tendencia que pudiéramos denominar autonómica. También se elaboró y puso en vigor un conjunto de Ordenanzas Municipales, así como un padrón de comerciantes, etc.(3) Con la aprobación del superintendente Juan de Aguilar, se estableció en Santiago una Intendencia de Hacienda Provincial cuyos primeros intendentes fueron desde el primero de enero de 1813, Manuel Navarrete y Félix Bocerman.

Al calor de este período constitucional la aristocracia ilustracionista local poco pudo hacer, pues las medidas y acuerdos del Ayuntamiento no lograron perdurar o consolidarse, especialmente por la propia brevedad del período constitucional que sólo se extendió hasta 1814 cuando se produce el retorno al poder de Fernando VII, que de inmediato restablece la monarquía absolutista y suprime la Constitución. La llegada de estas noticias a Santiago hacia el 11 de agosto de 1814 significó la disolución del Ayuntamiento, la supresión de sus medidas y acuerdos, y la reimplantación del antiguo Cabildo y sus funcionarios perpetuos.

Restablecimiento de la monarquía absolutista de Fernando VII. Efectos de su política en el territorio.

La vuelta al pasado sin embargo no pudo ser absoluta. Es por eso que a partir de 1814, en medio de la política fernandista de recuperación del imperio colonial envuelto en las luchas independentistas en casi todo el continente, se deciden distintas medidas que tuvieron honda repercusión en esta ciudad y su territorio. Lo primero fue la paz relativa que borró casi por completo los problemas que afectaban al comercio con el Caribe y el resto del mundo, especialmente desde la derrota de Napoleón.

De efecto inmediato fue también la posibilidad y regreso de los franceses que habían sido expulsados en 1809. Fue entonces cuando se apreció a plenitud lo acertado de la política de Kindelán, pues como quiera que él les dio la posibilidad de preservar sus patrimonios, y la mayoría lo hizo, al regreso lograron rápidamente recuperar los niveles productivos de antes, y además, superarlos.

Reales decretos de 30 de agosto de 1815 y 16 de julio de 1819, establecieron la propiedad privada de la tierra para los que la poseían por las antiguas mercedes, por composición, o por haberlas ocupado por 40 o más años. Se establecieron además, los recursos legales para la disolución de las haciendas comuneras, lo que se intensificó en esta región durante las décadas de 1830 y 1840.(4)

En octubre de 1817 se conoció sobre el desestanco del tabaco y su libre comercio.(5) El 10 de febrero de 1818 un Real Decreto abrió los puertos de Cuba al comercio con todas las naciones, ansiada libertad comercial(6) que llegó acompañada de una feroz política proteccionista contra los productos y el comercio con y de otras naciones. En el primer año de libertad comercial, el comercio santiaguero ascendió a un valor total de 247 139 pesos fuertes, cifra igual a las recaudaciones de su aduana.(7) Esto da una idea de las condiciones en que se estableció la libertad comercial, pese a lo cual cinco años después, en 1823, el valor del comercio ascendió hasta 377 499 pesos fuertes, lo que evidencia un fuerte crecimiento de la producción para el mercado exterior, que se reflejó también en el auge del mercado interior.
En las circunstancias económicas que vivió el territorio durante las décadas de 1810 y 1820, en las cuales tanto la oligarquía tradicional como los nuevos ricos tenían todavía grandes perspectivas de progreso económico personal y familiar, las convulsiones revolucionarias de las colonias americanas de España, apenas encontraron eco. A esto se añadía un profundo miedo al negro, es decir, el temor a que un proceso revolucionario fuera oportunidad propicia para una generalizada sublevación de esclavos, con todas las consecuencias que esto podía acarrear. El proceso revolucionario en las colonias americanas se sintió en el territorio santiaguero, principalmente, por el tránsito de tropas enviadas a sofocar esas revoluciones y de sus restos al regresar a la Madre Patria luego de su derrota a manos de los insurgentes, y de muchos españoles y funcionarios que hacían escala en este puerto, estancia que agravó los problemas crónicos de la circulación monetaria, pues ellos acaparaban las monedas en circulación que, al llegar a España, significaban una apreciable ganancia. Esta situación del circulante condujo otra vez al empleo de las monedas de necesidad.

El período constitucional de 1820 a 1823.

El atraso en el crecimiento económico del área y de su oligarquía, en combinación con las modernas ideas sociopolíticas europeas que influían en esta ciudad, dieron lugar a un pensamiento y opción política conocido como el Reformismo Ilustracionista, corriente que demandaba del gobierno metropolitano cambios en favor del desarrollo del territorio, postura concomitante con la del resto de la oligarquía de la colonia, pero que en cada parte tenía matices diferenciadores. En razón de la situación económica regional e independientemente de las formulaciones teóricas que produjeron, los reformistas ilustrados santiagueros lo que demandaron de la corona fue, esencialmente, el disfrute de los mismos privilegios, favores y beneficios económicos que tenía la oligarquía occidental.

Por esto es dable decir que el ilustracionismo reformista santiaguero estuvo a la zaga de sus similares de occidente, pero también que esas mismas condiciones de atraso económico que sufrirá permanentemente, en combinación con otros factores, dará lugar durante el siglo XIX a que la oligarquía santiaguera evolucione más acelerada y profundamente hacia las radicales posiciones del independentismo, que ya en la primera mitad del siglo postulaba el presbítero Félix Varela, en oposición al carácter cada vez más reaccionario que asume, -comparativamente-, el reformismo liberal occidental.

En medio de la prosperidad económica que vive el territorio después de 1814, se produce un nuevo período constitucionalista entre 1820 y 1823. El primero de enero de 1820 se produjo en España el pronunciamiento militar constitucionalista de Rafael Riego y el 2 de mayo el Gobernador del Departamento procedió a reunir y reponer en sus funciones al Ayuntamiento Constitucional de 1814, encabezado por los Alcaldes Ordinarios Francisco José Mustelier y Rafael Duany, y los regidores que los acompañaban, los que de inmediato juraron la Constitución.(8)

En términos generales y con prontitud se retomaron las medidas y disposiciones vigentes en 1814, pero se adoptaron otras nuevas como lo fue que el 12 de junio se formó la Junta de Sanidad(9) por intermedio de la cual se promovió una serie de importantes acciones de saneamiento de la ciudad, construcción de alcantarillas, introducción de la vacunación a iniciativa del síndico procurador José Joaquín Navarro; se inició la fundación de un hospital para mujeres a propuesta del gobernador Eusebio Escudero, etc. En lo político administrativo, la ciudad se dividió en nueve barrios o cuarteles, con sus inspectores y celadores, se organizaron definitivamente las Capitanías de Partido, y se definieron los suburbios de la ciudad a los que se ordenó el traslado y establecimiento de las pulperías.(10)

En noviembre de 1820 se dispuso la reparación del muelle del puerto y en 1821, Fructuoso de Moya y Juan de Paula Valiente proponen y se acuerda la formación de la Milicia Nacional, y se llamó a la población a incorporarse a la misma. El 12 de mayo de 1821 el entonces Alcalde Constitucional Fernando Millares, presidió una reunión con representantes de Bayamo, Holguín, Puerto Príncipe y Baracoa, donde fue electo como Diputado a Cortes por el Departamento, el teniente coronel natural de Santiago de Cuba José Hernández y de las Cuevas, y como suplente el puerto principeño Ignacio Francisco Agramonte y Recio.(11)

Este período constitucional se caracterizó porque fue más largo, la actividad de los liberales mayor y más intensa, así como porque su labor pudo ser mejor apreciada por la ciudadanía, como lo prueba la numerosa incorporación a la Milicia Nacional y el entusiasta acto del 21 de julio de 1821 en la Plaza de la Constitución (nombre dado a la Plaza de Armas), en desagravio a la Constitución por la ofensa que días antes, en ese mismo lugar, le habían inferido elementos reaccionarios(12) como parte de la aguda lucha política entre la reacción y los liberales.

Pese a todo, el Ayuntamiento Constitucional en 1822 ante la independencia de Santo Domingo, declaró su fidelidad a España, lo que se ratificó en 1823.(13)

El pensamiento independentista en estos años tuvo pocos adeptos y fuerza, aunque no dejó de manifestarse, como ocurrió en 1820 cuando el santiaguero Salvador Duany, en impresos que circularon por la ciudad, propagandizó un plan de independencia coordinado con el general mejicano Agustín de Itúrbide. Fue rápidamente controlado sin mayores consecuencias.(14)

La derrota de los liberales en España en 1823 provocó la vuelta al régimen despótico, y la supresión de todas las disposiciones liberales. Pero ahora la sociedad santiaguera quedó definitivamente escindida en dos grupos político-ideológicos presentes a lo largo de todo el siglo, aunque cambiaran su denominación y se organizaran posteriormente en partidos políticos: el de la reacción monárquica integrista y el del reformismo liberal.

La situación económica en las décadas de 1820 y 1830.

Mientras se desarrollaban estos acontecimientos políticos, reflejo de la situación española, más que de la realidad de la ciudad y su territorio cercano, continúa el sostenido crecimiento económico que consolida el régimen de plantaciones, y vincula al territorio con las naciones más desarrolladas y poderosas de la época. La plantación se desarrolló en la producción de café y del azúcar. Comparativamente las azucareras eran más grandes y de mayor número de esclavos.

Los criollos imitaron a los emigrantes de descendencia francesa, los que:
En la industria azucarera iniciaron el empleo de nuevos tipos de pailas y calderas que ahorraban tiempo, brazos y combustible, a lo que añadieron también el uso del horno de reverberación cerrado para la cocción del guarapo. Una mejor organización de la fuerza de trabajo esclava y su intensiva explotación contribuirían también al incremento de la producción. En general mejoraron la maquinaria utilizada en la producción de azúcar, (...)(15)
Las tierras cultivadas de caña tuvieron que incrementarse para satisfacer una mayor capacidad productiva de la industria, ya que la agricultura cañera no experimentó avances similares.

En cambio, las plantaciones cafetaleras eran casi siempre pequeñas y medianas, y en ellas se hacía un uso intensivo de la tierra y la fuerza de trabajo, se aplicaban abonos químicos y una mezcla de sulfato de cobre y cal como plaguicida, muros de piedra contra la erosión, y otras técnicas. Fue el café el sector más dinámico, el que asume la condición de motor económico de un territorio en que la economía en general crece. Entre 1826 y 1836 se exportaron 4 889 738 arrobas de café -principalmente por el puerto de Santiago de Cuba-, superando por más de un millón de arrobas lo exportado en azúcar.(16)

En el panorama económico santiaguero muy importante resultó que a partir de 1830-31, a iniciativa de los emigrados haitiano franceses, se reinició la producción de mineral de cobre.

En 1829 uno de ellos, Prudencio Casamayor, denunció varias vetas de cobre en Santiago del Prado, como representante de la compañía inglesa La Consolidada, y con un capital en acciones de 480 000 libras esterlinas, inicia con éxito la explotación de las minas. Poco después, comenzó a trabajar otra empresa inglesa llamada Compañía Santiago, y más tarde, la Compañía San José de capital cubano-español. El tráfico entre la villa del Cobre y Santiago fue muy intenso por el traslado del mineral hasta el puerto, producción que creció durante toda la década de 1830, favorecida por un único impuesto del 5% del mineral. Estas minas y su producción fueron durante décadas una importante fuente de materia prima para la industria inglesa.(17)

Hacia 1830 las relaciones comerciales de Santiago de Cuba se aprecian en la siguiente tabla:
Comercio de Santiago de Cuba: 1830. (en pesos fuertes)
.
País............... Importación.... Exportación...Total......Lugar
.
España..............157157...........151028........ 308185.....3
Estados Unidos.... 473832...........308543........ 782 375....1
Inglaterra.......... 94377............. 83246........ 177 623....4
Francia............. 223463........... 441411 ........664874....2
Alemania...........38079............ 38079.......................5
Totales............. 48829........... 1 022 307...... 1 971 136 -
Fuente: Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., p.262.
.
Por su importancia comercial Inglaterra, Estados Unidos y Francia, establecieron consulados en Santiago de Cuba, de cuya importancia habla también el hecho de que, entre 1826 y 1830, la Intendencia de Hacienda recaudó como promedio anual 797 667 pesos fuertes.(18)

El cuadro anterior muestra que es Estados Unidos el principal socio comercial de Santiago de Cuba, y que el mayor valor exportado tiene como destino a Francia.

El puerto no sólo era válvula de salida de la producción, era también expresión de la situación social. En él confluían los distintos sectores socioeconómicos santiagueros, pues no se trataba sólo de la actividad puramente portuaria, sino que allí se localizaban los grandes almacenes y empresas comerciales. Esto motivaba que acudieran al puerto, y en su área se interrelacionaran grandes hacendados cafetaleros y azucareros, los pequeños productores de tabaco y los intermediarios de ese producto, los funcionarios gubernamentales y del Cabildo, funcionarios de las representaciones consulares, comerciantes de todo tipo, abogados, marinos, armadores, porteadores, cargadores; hombres libres y esclavos, criollos, españoles y extranjeros de muchos lugares, especialmente de Las Antillas, ricos y pobres: en el puerto, en fin, se podía encontrar un mosaico bastante completo de la sociedad santiaguera, cuyo espectro se complejizaba en la medida de su crecimiento económico.

La actividad portuaria de Santiago de Cuba se comportó entre 1826 y 1836 de la siguiente forma: se importaron 588 867 arrobas de arroz, 888 445 de bacalao, 37 498 de tasajo, de tocino 3 780, así como 245 643 barriles de harina, de carne de puerco 26 518, y 17 154 de carne de res. Los principales productos exportados en igual período fueron: 3 859 992 arrobas de azúcar, 4 889 738 de café, 693 773 de tabaco en rama, 4 336 pipas de aguardiente, 17 009 bocoyes de miel de purga, 84 182 libras de tabaco elaborado, y otras por valor de 15 547 237 pesos fuertes.(19)

Estas cifras indican cómo pese al auge económico del período, se produce en la economía regional un proceso de deformación típico de las economías dependientes, pues se importa cantidades significativas de alimentos fáciles de obtener en el país, como es el caso de la carne de cerdo o el muy significativo de la carne de res. En cambio se observa a partir de las exportaciones, que la economía plantacionista territorial se orienta casi exclusivamente al mercado internacional.

El mercado interior era en esencia el mismo de siempre. La producción dedicada a él era la de una masa grande de campesinos pobres, cuya producción se destinaba a la subsistencia, producción de escaso valor y que por la dedicación de las tierras a productos exportables tenía tendencia a reducirse. A este mercado concurría también la producción artesanal que se lograba principalmente en la ciudad, para realizarse en ella misma o en el puerto. Los productos que pudiéramos llamar industriales, en su gran mayoría, tenían que importarse.

El comercio interior se efectuaba por una gran cantidad de pequeños establecimientos comerciales y de vendedores ambulantes. En unos pocos comercios medianos y grandes se ofertaba la producción industrial importada. Se mantenía el crónico problema de la secases de circulante.

Pese a todo, el auge económico produjo el importante efecto del desarrollo de las vías de comunicación, necesarias para sacar hasta la ciudad la producción de las plantaciones -en especial de las zonas de montaña-, y para llevar a ellas todo lo necesario para la vida y el trabajo. Así, a iniciativa de los dueños de plantaciones y aprobados por el Cabildo o Ayuntamiento, se construyeron distintos caminos: hacia la Sierra Maestra en 1815, a Limones y el sur de la Sierra Maestra en 1817, y otros.(20)

El predominio del trabajo esclavo era grande. Aunque los esclavos eran en 1827 algo más de un tercio de la población, constituían el 50% de la fuerza de trabajo, lo que restringía el mercado de trabajo para los hombres libres, para los cuales era una suerte encontrar trabajo en los muelles, talleres artesanales, comercios, plantaciones, etc.

En estas condiciones se producía una rápida y profunda separación clasista de la sociedad: los ricos incrementaban sus fortunas y eran dentro de la masa total de la población cada vez menos. En cambio, y motivado por el propio crecimiento económico, aumentó un sector medio o pequeña burguesía, integrado por abogados, médicos, maestros, dueños de talleres artesanales, artistas y músicos, etc. sector social que se concentraba en gran medida en la zona de la Grande Rue o Rue de la Cock (Calle del Gallo), donde existían numerosos talleres artesanales y comercios, y también en la zona de Loma Hueca, lugar donde desde entonces se desarrolló la famosa barriada del Tívoli. Ambas áreas surgieron bajo la influencia de la inmigración haitiano francesa.(21)

La fuerza de trabajo y la trata negrera. Los palenques.

La expansión acelerada de la economía de plantación a partir de los finales del siglo XVIII y la reanimación de la minería del cobre desde 1830, provocaron una fuerte necesidad de fuerza de trabajo. En este sentido la pequeña inmigración de canarios y catalanes no fue significativa. La solución fue la importación acelerada de esclavos a la sombra de la libertad de la trata decretada desde 1789.

El negocio de la trata rendía pingües ganancias, y los miembros de la burguesía plantacionista y comercial santiaguera no le dieron la espalda. Al propio tiempo, se mantenía la trata ilegal por el propio puerto de la ciudad o por otros como Daiquirí, Sigua, Aserradero, y Baitiquirí. El negocio -en una u otra forma-, no se realizaba exento de riesgos pues desde la primera década del siglo XIX Inglaterra presionaba cada vez más sobre Madrid para que suprimiera la trata.
Obstáculos aparte, el comercio de esclavos continuaba porque era una necesidad como lo prueba el que sólo entre enero de 1816 y abril de 1817 arribaron a Santiago 30 buques con 5 097 esclavos.(22) Pese a la tenaz oposición de la oligarquía esclavista, en 1817 España firmó con Inglaterra un tratado por el que quedaba obligada a suprimir la trata de esclavos en sus dominios americanos a partir del año 1820.(23)

Hasta 1820, como secuela de este acuerdo, los santiagueros intensificaron el envío de buques en busca de esclavos, pero a partir de esa fecha la trata ilícita fue intensa y llegó hasta la década de 1860. Por ejemplo, entre enero y febrero de 1822 llegaron al puerto de Santiago burlando la vigilancia inglesa, y con el amparo de las autoridades, 4 barcos franceses con 937 esclavos.(24) En este comercio humano ilegal, los vínculos comerciales con diversos puntos de Las Antillas y de Centroamérica o Tierra Firme, servían para enmascararlo, ya que las naves salían con unos pocos productos para vender, regresaban con algunas compras, pero traían un número más o menos grande de esclavos adquiridos en los puertos a los que habían sido consignadas las mercancías. Estos esclavos se desembarcaban en puntos de la costa próximos a la ciudad, previamente convenidos. Así, el Caribe se convirtió en la fuente principal de esclavos para la economía regional santiaguera.

El incremento de la población esclava por intermedio de la trata legal o no, hizo que en algunos surgiera el miedo al negro y una postura más o menos opuesta a la trata, y hasta favorable a la abolición de la esclavitud. Un defensor de la esclavitud y de la trata como Francisco de Arango y Parreño, en un informe del 14 de enero de 1825 decía:

(...) ayer se agravaron mis dolencias al leer un estado que recibí de la población de Santiago de Cuba, y ver que sus moradores procuran con igual ansia la introducción de negros bozales, sin embargo que solo el tercio de su actual población es de blancos y los otros dos tercios son de gente de color: siendo lo más notable que la mitad de esa gente goza de libertad.(25)

La tremenda afluencia de esclavos al territorio y el incremento de la intensidad del trabajo a que eran sometidos en las plantaciones, y que hizo desaparecer aquella esclavitud patriarcal de siglos anteriores, dio lugar al incremento sustancial del apalencamiento o cimarronaje del negro esclavo.

Entre 1810 y 1815 crecieron los viejos palenques y aparecieron otros nuevos, destacándose por su cercanía a Santiago, su tamaño, y actividad contra haciendas, poblados, y caminos, los palenques de Sigua, la Sierra del Cobre, y el llamado Palenque del Frijol.

Contra ellos inició una larga lucha el Gobernador del Departamento Eusebio Escudero, continuada por sus sucesores, en la que se empleó la fuerza, el engaño, el soborno, y la traición. Victoriosos algunas veces en su resistencia, derrotados y dispersados las más, los palenques volvían a organizarse para llegar hasta la década de 1860, siendo siempre símbolos de rebeldía contra la esclavitud.

Los censos de población de 1817 y 1827, y la organización político administrativa. Situación política de estos años.

Pese a la alarma que crearon en algunas oportunidades los grupos de negros cimarrones, en general hasta sus meses finales, el período de 1808 a 1836 fue tranquilo y de progreso, como reflejan las cifras y datos sobre la población y la riqueza urbana y rural de los censos de 1817 y 1827. El primero de ellos fue realizado por orden del Capitán General José de Cienfuegos, y presenta entre otras la doble dificultad de que estuvo deficientemente orientado, y de que los habitantes del país ocultaron o falsearon datos por miedo a nuevos impuestos.(26) Los dueños de esclavos, sobre todo en las plantaciones, ocultaban el número real de éstos no sólo para pagar menos impuestos, sino también para no descartar su participación en la trata ilegal. Al realizarse, la Jurisdicción de Cuba o Santiago de Cuba se dividía en siete Partidos de Campo, que agrupaban una población de 64 009 habitantes, por lo que en relación con el censo de 1791-92 ha crecido en 43 248 personas, es decir se ha más que triplicado en sólo 26 años.

El Capitán General Francisco Dionicio Vives ordenó una nueva división de la Isla en tres Departamentos: Occidental, Central, y Oriental, y del último fue nombrado como Gobernador y Jefe de Operaciones el mariscal Sebastian Kindelán, y como capital la ciudad de Santiago de Cuba.(27) Cada Departamento se dividía en Jurisdicciones.

En 1827 Vives ordenó la realización de un nuevo censo, según el cual la Jurisdicción de Cuba (Santiago), tenía en esa fecha 70 522 habitantes.(28) La ciudad de Santiago de Cuba contaba con 9 302 blancos, 10 032 libres de color, y 7 404 esclavos, para un total de 26 783 habitantes.(29) Otros importantes datos son que la ciudad y su Jurisdicción tenían:

(...) 31 médicos y cirujanos; 10 boticas; 220 pulperías y tabernas; 29 tiendas de ropa; 5 sombrererías; 48 platerías; 7 relojerías; 8 tintorerías; 5 peineterías; 26 billares y cafés; 3 cererías; 44 tabaquerías; 34 herrerías; 9 talabarterías; 4 armerías; 47 hornos y panaderías; 5 541 caballerías de tierras cercadas, en potreros, cultivos y montes; 205 haciendas en hatos y corrales; 960 haciendas o sitios de crianza; 125 ingenios y trapiches; 678 cafetales; 2 cacahuales; 73 algodonales; 67 potreros de cría y hierba; 523 sitios de labor y estancias; 896 vegas de tabaco; (...).(30)

Asimismo en la ciudad además de sus edificios públicos, templos y cuarteles, hay “(...) más de 1 000 casas de correcta mampostería y cerca de 3 000 de mezcla y teja (...).”(31)

Este auge económico, favorecido por el reformismo o modernismo fernandista que pretendió incrementar los ingresos del estado español, mediante un sistema tributario más organizado a través de la Intendencia de Hacienda, tuvo en lo político una contraparte por completo distinta. En 1823 se dieron órdenes de restablecer por completo el régimen político existente antes de 1820,(32) quedando Cuba sometida a la tiranía absolutista en el período histórico que ha sido llamado Régimen de las Facultades Omnímodas.(33) Sin embargo, Santiago de Cuba continuó su vida normal, sin grandes acontecimientos o sobresaltos, pese a que el régimen tiránico no significó la muerte del pensamiento liberal o constitucionalista en el territorio. La burguesía de la región que continuaba acrecentando su riqueza, sentía la necesidad de disponer de un campo de acción más amplio no sólo en lo económico, sino también en los mecanismos de poder, desde los cuales propiciar el crecimiento de lo primero. Por otra parte, el liberalismo arraigaba en una parte de la juventud criolla ilustrada, sector social que ya pensaba en Cuba, en el bienestar de su tierra, y aunque ese bienestar pasaba por el tamiz de su posición de clase, era ya una cubanía en desarrollo, un sentimiento de identidad nacional que ganaba fuerza con el paso de los años.

A la muerte de Fernando VII en 1833, España se sumió en una cruenta lucha por el trono. La Reina Regente María Cristina, inclinada también al absolutismo, se vio obligada a apoyarse en los liberales constitucionalistas para poder sostenerse en el poder frente a Carlos, -aspirante al trono-, apoyado por la nobleza y el clero, y, para fortalecer este apoyo, procuró la creación de un régimen constitucional moderado, razón por la cual en 1834 son elegidos y nombrados Procuradores a Cortes por Santiago de Cuba los señores Prudencio Hechavarría y Juan Kindelán, y como Prócer del Reino el señor Juan Vaillant y de las Cuevas,(34) que integrarían las cámaras creadas por el Estatuto Real de 1834: el Estamento de Próceres nombrados por la regente, y el Estamento de Procuradores, seleccionados por las provincias. En este mismo año Miguel Tacón asumía en Cuba el cargo de Capitán General. Al año siguiente, en julio de 1835 tomó el mando del Departamento Oriental el general Manuel Lorenzo, -algunas fuentes lo señalan como mariscal-, en un momento en que pese al mantenimiento del régimen de las Facultades Omnímodas y de los Tribunales Militares, los liberales alimentaban esperanzas de cambios políticos en la colonia.

En ese estado de espera se vivió hasta que nuevos acontecimientos en España produjeron cambios bastante radicales. En agosto de 1836 un motín militar en el lugar conocido como La Granja, obligó a la regente a poner en vigor la Constitución de 1812, y dar acceso al poder a los elementos liberales más avanzados. Noticias no oficiales de estos hechos llegaron a Santiago en septiembre para alegría de los liberales locales y de Manuel Lorenzo, que también lo era. El día 29 de ese mes un oficio de Tacón daba parte de los acontecimientos en España, pero ordenaba a Lorenzo no producir cambio alguno, y mantener en secreto los hechos, lo que se ajustaba a las instrucciones recibidas por el Capitán General, según decreto del 20 de agosto de ese año.(35)

Por el contrario, Lorenzo, con el apoyo y consejo de distintos liberales de la ciudad entre los que se encontraban Francisco Muñoz del Monte, Manuel Hernández, Porfirio Valiente Cuevas, Juan Kindelán, Juan Bautista Sagarra, Antonio Asencio, y Joaquín Santacilia, y siguiendo sus propias ideas políticas, decidió desconocer las órdenes recibidas y ese propio día 29 en sesión extraordinaria del Ayuntamiento informó lo sucedido en España, haciendo que ésta y otras corporaciones juraran en presencia del pueblo la Constitución de 1812, acordándose reponer en sus funciones al Ayuntamiento Constitucional de 1823, lo que causó júbilo popular y de gran parte de las personas más prominentes, mostrándose que el liberalismo se mantenía vivo y que había ganado adeptos en la población, no sólo en el sector progresista de la oligarquía.
El Ayuntamiento repuesto convocó a elecciones que se celebraron el 4 de octubre, en las que resultaron electos como alcaldes José Horrutinier, Eligio Salazar, Mariano Vaillant, y Magín Mazo, así como 16 regidores y 3 síndicos.(36)

Tacón por su parte se dispuso a reprimir el movimiento, y ordenó el bloqueo de los puertos del Departamento Oriental por los buques de la marina de guerra, al tiempo que organizaba una columna de 3 000 soldados al mando del brigadier Juan de Moya, y la enviaba contra los sublevados. Moya fue designado además para sustituir a Manuel Lorenzo.

En tanto, en España se convocó a cortes para redactar una nueva constitución, y aunque en Cuba no regía la Constitución de 1812, se autorizó la elección de diputados. Santiago de Cuba eligió en esa calidad a José Antonio Saco, uno de los más destacados reformistas liberales de su época, que era además enemigo y víctima de Tacón, que lo había desterrado de Cuba con destino a España. Los acontecimientos se sucedían con rapidez. Ante la amenaza militar taconiana, Lorenzo llamó a la población a defender con las armas el régimen constitucional, llamamiento que no tuvo gran efecto, mostrando que los que con júbilo habían saludado el régimen constitucional, no estaban dispuestos a tanto. En noviembre se supo que Madrid apoyaba a Tacón, lo que significaba un rechazo al movimiento federalista de los reformistas orientales y Lorenzo.(37) El temor a un enfrentamiento armado, a un choque total, hizo que los reformistas que estimularon y apoyaron a Lorenzo, comenzaran a temer por sus propiedades, por las deportaciones, detenciones, destierros, confiscaciones, y otras penas que podía imponer el Tribunal de la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Temieron además, perder la autoridad y control que tenían, o aún les quedaba, sobre la sociedad. Los comerciantes protestaban porque el bloqueo afectaba el comercio, y parte de las tropas retiraron su apoyo al movimiento.

En estas condiciones, el 17 de diciembre de 1836 el Ayuntamiento acordó en una actitud capituladora, enviar una comisión para negociar con Tacón sobre la base del olvido de lo pasado el 29 de septiembre, y de la completa seguridad de los bienes y personas de los comprometidos en los hechos. Quedándose cada día más solo, el 25 de diciembre en la goleta inglesa La Vestal, partía para Jamaica el general Manuel Lorenzo, acompañado de dos de los santiagueros más comprometidos: Juan Kindelán y Francisco Muñoz del Monte. En breve llegó la columna de 3 000 soldados y fue restablecido el orden taconiano. La represión fue grande; abundaron las prisiones, destierros y deportaciones.

El movimiento fracasó sin ofrecer resistencia pese a que siempre se dispuso de alguna tropa, armas y de cierto apoyo popular. No puede perderse de vista que esta oligarquía oriental, aún cuando aspiraba a más de lo que hasta entonces había recibido de la corona, todavía -aunque ya reducidas-, tenía posibilidades de continuar un crecimiento económico que le favorecía, y que vivía un período de auge. Aún cuando el movimiento fracasó y mostró la inmadurez de las ideas, quedó en evidencia el deseo de cambios, el rechazo a la política colonial de España.
Evolución cultural en la etapa. Muestras de una cubanía emergente.

En las primeras décadas del siglo XIX, en una ciudad cuyo crecimiento poblacional exigía más educación pública elemental, sólo existían tres escuelas costeadas por el Ayuntamiento. Sin embargo, muestra del carácter clasista y de las diferencias socioeconómicas, la clase rica y las autoridades gestionaban hacia 1819 el establecimiento de una universidad, proyecto que no fue aprobado.

El crecimiento económico en el período demandaba en la población trabajadora libre, cierto grado de preparación y es justo consignar que la oligarquía local, mediante el Ayuntamiento y la Real Sociedad Económica de Amigos del País, trató de promover la creación de escuelas públicas y que se apoyó a los crearon escuelas privadas, lo que dio por resultado que en 1832 la ciudad ya tenía 30 escuelas de niños y niñas, 3 colegios de niñas y otros tantos para varones, con 44 profesores y profesoras y matrícula de 1 180 alumnos de los cuales 421 eran hembras;(38) se mantenían, sin embargo, las quejas sobre las escuelas públicas y sus métodos atrasados.
La enseñanza superior se mantenía en manos del reformado Seminario Conciliar de San Basilio el Magno, el que sostenía el prestigio de su labor educativa, importante a pesar de su carga de escolasticismo, pues formó a personalidades prominentes de la ciudad y el país en este siglo, como fueron los casos de Juan Bautista Sagarra, José de Hechavarría, los hermanos Prudencio y Bernardo Hechavarría, Manuel Justo Ruvalcaba, Manuel María Pérez, Tristán de Jesús Medina, José Antonio Saco, etc.

Un hecho significativo para la región fue la reinstauración el 20 de febrero de 1824 de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que tuvo como presidente a José Emigdio Maldonado y Leonardo Bravo González como secretario. La Sociedad promovió la aplicación de la técnica y de los avances científicos, realizó concursos científicos y literarios; trabajó por el mejoramiento de la educación y de la dotación de las escuelas, y en 1834 comisiones de sus miembros controlaron las escuelas y lograron mejor orden y progresos pedagógicos en su trabajo. Un año después, en 1835, la Sociedad apoyó a Juan de Mata Tejada en la creación de una escuela de litografía.(39)

En 1832 la Sociedad comenzó la organización de una biblioteca pública que con el nombre de Librería Pública quedó abierta en 1835.

El gobierno departamental apoyó la labor de la Sociedad y le encargó tareas de beneficio social como la creación de un corral para el depósito de animales, lo que fue una contribución al saneamiento de la ciudad, así como la lectura diaria de la prensa en las escuelas.(40)

Los cultos y ricos haitiano franceses y sus descendientes continuaron un activo y destacado papel en la vida cultural y artística de la ciudad. Ellos hicieron posible que Santiago de Cuba fuera conocida en Francia y que la visitaran no sólo armadores y comerciantes, sino también artistas, científicos, intelectuales, grupos teatrales y musicales, que encontraban en esta ciudad de riqueza creciente una buena plaza. Este movimiento cultural se sustentó también en la creación artística de los propios santiagueros, no pocos de los cuales brillaron en el mundo de la cultura y la creación, como se manifiesta en la actividad musical, teatral y periodística entre 1808 y 1836.

En el campo de las publicaciones fueron diversos los periódicos que vieron la luz, aunque la mayoría fueron de corta vida. Entre ellos se destaca el periódico El Redactor, que redactado por Juan Bautista Sagarra, Domingo Betancourt y Agustín de la Tejera, comenzó a publicarse en 1833 en la imprenta de la Real Sociedad Económica que administraba Miguel Antonio Martínez.(41)

En los periódicos se publicaban poemas de diversa índole y calidad, letrillas, pequeñas composiciones poéticas, etc. de autores nacionales y locales, composiciones en que se apreciaba con creciente insistencia la temática referida al país, a su naturaleza, sus tipos humanos, costumbres, y otros temas, y que eran evidente muestra de la cubanía e identidad nacional en desarrollo. De las imprentas salieron también algunas publicaciones importantes como los Estatutos del Seminario San Basilio el Magno en 1813, la Ley de imprenta en 1820, la Historia de la Aparición de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en 1829, las Ordenanzas Municipales de Alonso de Cáceres en 1829, y una pequeña Geografía Política de Cuba de Juan Bautista Sagarra en 1836.

La opulenta vida de la rica sociedad santiaguera demandaba para su esparcimiento y bienestar la existencia de un teatro o coliseo. Al respecto, varias ideas y gestiones fracasaron hasta que el Ayuntamiento, -fiel reflejo de los deseos y aspiraciones de la clase rica-, tomó en sus manos el asunto, concluyéndose un proyecto para un teatro que quedaría emplazado en el llamado Solar de la Marina, en el punto en que se unían las calles Barracones y Cuba. Sacado a subasta el proyecto se le adjudicó al arquitecto Francisco Zaparí, que lo concluyó al precio de 30 000 pesos en 1823, siendo inaugurado el 13 fe febrero de ese año con una función de la compañía cómica del empresario francés Santiago Candamo, y la puesta en escena de la obra Los Maestros de Rabosa o Trípili-trápala, opereta cómica que acompañó la orquesta local del maestro Pedro Nolasco Boza.(42)

En la música, el canto o en la enseñanza de ellos se destacaron el doctor en medicina Bartolomé Segura, que importó un piano con el que el alemán Carlos Rischer dio clases a las hijas del doctor. Rischer además, enseñó solfeo, canto y piano en algunas otras familias de la ciudad. Procedente de Santo Domingo como el doctor Segura, vino a Santiago de Cuba en 1810 el maestro Victoriano Carranza, compositor que como pedagogo mejoró el cuerpo de música de la Catedral. Desde 1812 el barcelonés, presbítero Juan París, como maestro de música de la Catedral, formó distintos alumnos de canto y piano. Se destacaron también en esta enseñanza los franceses Patrats y Dubois, el negro Eusebio Serrano intérprete del violonchelo y el contrabajo, y maestro de este último instrumento; los maestros Manegat y Bisbé, y desde 1832 el notable maestro, compositor y director de orquesta, el barcelonés Juan Casamitjana.(43)

La labor de estos pedagogos provocó la aparición de diversos alumnos santiagueros que comenzaron a destacarse en el canto y la ejecución de distintos instrumentos. Al propio tiempo, la familia negra de los Tamés, encabezada por Bernardino Tamés formó una famosa orquesta, y el pardo Manuel Granados tenía una reputada escuela de música y formó una dinastía familiar de talentosos músicos. Pedro Nolazco Boza tuvo también una importante orquesta.(44)

Casamitjana tuvo en 1836 la gloria de llevar al pentagrama la música de una comparsa que pasaba frente al café La Venus en la Plaza de Armas. Se trató de la famosa pieza conocida con el nombre de El Cocoyé, criollísima expresión de música popular, de cubanía.(45)

En 1832 en una lujosa mansión situada en la intercepción de San Juan Nepomuceno y Marina, se constituyó la Sociedad Filarmónica de Isabel II, que agrupó a los más refinados representantes de la cultura, y en la que la más distinguida sociedad santiaguera pasaba sus horas más placenteras. Mediante la calidad de su cuadro escénico, formado por sus propios miembros, y especialmente sus actrices, dio renombre a la ciudad.(46)

En la pintura se destacaba desde su llegada a la ciudad hacia 1820, el dominicano, abogado y pintor, Juan de Mata Tejada, destacado miembro de la Sociedad Económica, funcionario público, y promotor de obras de beneficio popular. Fue maestro de geometría y dibujo, e introdujo la litografía iniciando a varios en esa técnica. Fallecido en 1836, muchos le estiman como iniciador de la pintura santiaguera.

La manifestación cultural de masas más importante, por su magnitud y marcado carácter autóctono, eran unas fiestas que en el mes de julio, durante los días de San Juan, San Pedro, Santiago y Santa Ana, venían desarrollándose desde el siglo anterior y que se conocían como Carnavales. En esos días, -y sujetos a las restricciones que imponían las autoridades y el Ayuntamiento-, se efectuaban desde prolongadas fiestas en casas particulares hasta fiestas callejeras, recorridos de comparsas con sus bailes, coreografías, cantos y música, así como recorridos y juegos de mamarrachos, los que devinieron en símbolos de estas fiestas, en las que además se efectuaban carreras de caballos, juegos, competencias de habilidades, y se bebía y se bailaba profusamente. Ocasionalmente, y por distintas causas, estas fiestas eran suspendidas por las autoridades, como ocurrió en 1815, 1816, y 1820.(47)

El crecimiento económico de estos años se muestra en la urbanización y/o crecimiento de la ciudad. Un plano de la misma de 1795 muestra que sus calles orientadas de Este a Oeste y de Norte a Sur, al entrecruzarse forman unas 100 manzanas, algunas de ellas poco edificadas. Hacia el Norte la ciudad se extendía más o menos hasta la calle San Mateo, por el Sur hasta Santa Rita, por el Este hasta San Agustín y por el Oeste hasta la bahía. Sin embargo, para 1813 otro plano nos la muestra extendida hasta lo que sería el Paseo de Concha (hoy Paseo Martí), con apreciable urbanización a lo largo de la calle Gallo. Por el Sur la ciudad creció hasta el área conocida como El Tivolí y la llamada Altura del Calvario. Por el Este estaba definido ya el espacio que sería la Plaza o Campo de Marte, y hay edificaciones a lo largo del camino al Caney. Otro plano de 1831, muestra la continuidad del crecimiento, pero especialmente que las manzanas que antes estuvieron delimitadas pero escasamente edificadas, se han cubierto de viviendas y edificios.

Las viviendas de los ricos tienen una arquitectura ecléctica de lo morisco, mudéjar y el neoclásico que irrumpe en el primer tercio del siglo XIX, todo adaptado a las complejidades climáticas y topográficas de la ciudad. Estas casas muestran en sus columnas y otros elementos una tendencia a la monumentalidad, expresión del poderío económico de sus dueños. Surgía en Santiago de Cuba una tipicidad arquitectónica en que se expresa lo cubano, visible también en el mobiliario, donde los artesanos dieron muestras sobradas de consumada maestría, adaptando estilos a las necesidades y gustos locales del criollo. Este mobiliario llena los amplios espacios de las casas que se caracterizan por los altos puntales, grandes ventanas para la iluminación y ventilación, la presencia del patio interior con aljibe y rodeado de soportales. Habitual era también en las casas el empleo de arcos para delimitar o separar los espacios de la sala y saleta, así como el uso de vitrales sobre las puertas interiores que embellecen los inmuebles, como también lo hacen los techos, puertas, y hojas de las ventanas, de maderas muchas veces delicadamente trabajadas, como ocurre también en las rejas de madera, las balaustradas de balcones y soportales, etc. Para estos años comienzan a destacarse por su belleza las rejas de hierro.

Otras mejoras experimentó la ciudad, cuando en 1812 se proyectó y comenzó el empedrado de las calles. Asimismo, el 27 de marzo de 1789 una Real Cédula había dispuesto la creación de cementerios fuera de las ciudades, lo que fue ratificado por las Cortes en 1813, razones por las cuales y pese a muchas disputas entre el Ayuntamiento y el Cabildo Eclesiástico -que no quedaron del todo resueltas-, se decidió construir el cementerio en el área del llamado Alto de Santa Ana, el que comenzó a funcionar en septiembre de 1827.(48)

En noviembre de 1824 se adjudicó en subasta al sargento retirado José Pardo, el proyecto de alumbrado público. Se le dio además, el contrato de limpieza y extracción de basuras, con lo cual mejoró la higiene y condiciones de vida de la ciudad santiaguera.(49)

Si de caracterizar este período de la historia de la ciudad de Santiago de Cuba, arriesgándonos a significar lo más importante, -y siempre conscientes de la segura oposición y polémica-, nos decidimos a decir que es la aparición de la cubanía, es decir, ya existen criollos que se saben y sienten más cubanos que españoles, aun cuando no estén decididos a separarse de España, y este fenómeno tendrá en lo adelante un rápido proceso de desarrollo que en apenas cuarenta años dará lugar a poderosísimas conmociones, previsibles en los acontecimientos que se producirán en la siguiente etapa del devenir de esta ciudad, su entorno, sus hombres y su cultura.

NOTAS.
1.- Citado por Jorge Berenguer Cala: “La inmigración francesa en la jurisdicción de Cuba.” En: Revista Santiago. Universidad de Oriente, No. 26-27, junio-septiembre, 1977, pp. 240-241.
2.- Ibídem, p. 248.
3.- Ernesto Buch López: Historia de Santiago de Cuba. Editorial Lex, La Habana, 1947, pp. 72-74. Emilio Bacardí Moreaux: Crónicas de Santiago de Cuba. Tipografía Arroyo Hermanos, 1924, tomo II, pp. 81-82.
4.- Julio Le Riverend Brussone: Historia económica de Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1971, pp. 137-138.
5.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., p. 119.
6.- Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., p. 252. Julio tomo II, pp. 30-31.
7.- Ibídem, pp. 47-48.
8.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., p. 101.
9.- Ibídem, pp. 101-102.
10.- Ibídem, pp. 102-107 y 118.
11.- Ibídem, p. 122.
12.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 163-164.
13.- Ibídem, p. 210.
14.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 112-113.
15.- Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., pp. 232-233.
16.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 215.
17.- Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., p. 263. Julio Le Riverend Brussone: Ob. Cit., p. 170. Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 14. Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 250-251.
18.- Comité Estatal de Estadísticas: Los censos de población y viviendas en Cuba: estimaciones, empadronamientos y censos de población de la época colonial y la primera intervención norteamericana. Instituto de Investigaciones Estadísticas, [s.l.], 1988, tomo I, volumen 2, p. 12.
19.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 215.
20.- Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., p. 256.
21.- Ibídem, p. 259.
22.- José Luciano Franco Ferrán: Comercio clandestino de esclavos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980, pp. 167-175.
23.- Ibídem, pp. 301-304. Julio Le Riverend Brussone: Ob. Cit., pp. 150 y 152.
24.- José Luciano Franco Ferrán: Ob. Cit., p. 283.
25.- Ibídem, pp. 337-338.
26.- Sobre este censo, distintos estudiosos dan cifras diversas lo que dificulta la precisión informativa, no obstante, siempre propicia una visión panorámica suficiente para conocer las tendencias generales de la evolución demográfica y económica.
27.- Comité Estatal de Estadísticas: Ob. Cit., volumen II, p. 88.
28.- Ibídem, p. 85.
29.- Ibídem, p. 38.
30.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., p. 208.
31.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 181.
32.- Fernando Portuondo del Prado: Historia de Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975, p. 289.
33.- Ibídem, p. 290.
34.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 274-275.
35.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 138-139. Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 181.
36.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 147-151.
37.- Sobre el calificativo de federalista dado a este movimiento puede verse el trabajo de la doctora Olga Portuondo Zúñiga: Criollidad y patria local en la nacionalidad cubana. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1994.
38.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 265-266.
39.- Ibídem, pp. 214, 274 y 278. Ernesto Buch López: Ob. Cit., p. 124.
40.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 268-269.
41.- Ibídem, p. 267. Laureano Fuentes Matons: Las artes en Santiago de Cuba, apuntes históricos. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, 1981, p. 130. Este autor plantea que el primer periódico de la ciudad llamado El Amigo de los Cubanos, salió por primera vez de la imprenta de Matías Alqueza, el 15 de agosto de 1800, al que le siguió poco después otro titulado El Noticioso.
42.- Laureano Fuentes Matons: Ob. Cit., pp. 127-131.
43.- Ibídem, pp. 125-127, 134-135 y 284.
44.- Ibídem, pp. 126. 130-131, 136 y 186.
45.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 289-290.
46.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., p. 163.
47.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., pp. 75, 113 y 140-141.
48.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 81-86.
49.- Ibídem, p. 125.

BIBLIOGRAFÍA.
1. Aldana Martínez, Jorge: Azúcar, minería: los primeros ferrocarriles en Cuba. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1979.
2. Bacardí Moreaux, Emilio: Crónicas de Santiago de Cuba. Tipografía Arroyo Hermanos, 1924, 10 tomos.
3. Berenguer Cala, Jorge: “La inmigración francesa en la jurisdicción de Cuba.” En: Revista Santiago. Universidad de Oriente, No. 26-27, junio-septiembre, 1977.
4. Buch López, Ernesto: Historia de Santiago de Cuba. Editorial Lex, La Habana, 1947.
5. Callejas, José María: Historia de Santiago de Cuba. Im­prenta La Universal, La Habana, 1911.
6. Castellanos, Gerardo: Historia de Santiago de Cuba. Talle­res tipográficos Alfa, La Habana, 1946.
7. Comité Estatal de Estadísticas: Los censos de población y viviendas en Cuba: estimaciones, empadronamientos y censos de población de la época colonial y la primera intervención norteamericana. Instituto de Investigaciones Estadísticas, [s.l.], 1988, 2 tomos.
8. Dirección Política de las FAR: Historia de Cuba. Dirección Política de las FAR, [S.L.], 1967.
9. Duharte Jiménez, Rafael: Nacionalidad e Historia. Editorial Orien­te, Santiago de Cuba, 1989.
10. : Documentos para la historia colonial de Cuba, siglos XVI-XX. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988.
11. Chamah F., David y José Diego Grullón: "Historia de la aparición de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre". En: Álbum Conmemorativo del congreso Eucarístico Diocesano y coronación de la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre. Año 1936. P. Fernández y Cía, Santiago de Cuba, 1937.
12. Franco Ferrán, José Luciano: Los palenques de negros cimarrones. Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del P.C.C., La Habana, 1973.
13. : Comercio Clandestino de esclavos. Edito­rial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980.
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15. Fuentes Matons, Laureano: Las artes en Santiago de Cuba, apuntes históricos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981.
16. García del Pino, César: "Corsarios, piratas y Santiago de Cuba". En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No.26-27, junio-septiembre, 1977.
17. Guerra Sánchez, Ramiro: Manual de Historia de Cuba. Edito­rial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971.
18. Henríquez Ureña, Max: El libro de Santiago de Cuba; resu­men histórico descriptivo. Ediciones Archipiélago, Santia­go de Cuba, 1931.
19. James, Joel: "Aproximación al Carnaval." En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 54, junio, 1984.
20. Mota, Francisco: Piratas en el Caribe. Casa de las Améri­cas, La Habana, 1984.
21. Moreno Fraginals, Manuel: El Ingenio. Editorial de Cien­cias Sociales, La Habana, 1978, 3 tomos.
22. Pezuela, Jacobo de la: Diccionario geográfico, estadísti­co, histórico de la Isla de Cuba. Imprenta del Estableci­miento de Mellado, Madrid, 1863, 3 tomos.
23. Pichardo, Hortensia: Documentos para la Historia de Cuba. Editora del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1964, segunda edición, tomo I.
24. Portuondo del Prado, Fernando: Curso de Historia de Cuba. Editorial Minerva, La Habana, 1947, 3ra edición.
25. Portuondo Zúñiga, Olga: Conferencias del curso de post-grado "La Jurisdicción de Cuba durante los Siglos XVIII y XIX". Mecanografiadas por la Comisión de Historia del comité Provincial del P.C.C. de Santiago de Cuba, 1985.
26. Prat Puig, Francisco, María C. Morales y María E. Orozco: "La arquitectura santiaguera de estirpe tradicional con aportes neoclásicos". En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 54, junio, 1984.

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Luis Acosta Brehal

Historiador cubano. Director del Centro de Estudios Antonio Maceo.

Nació en Santiago de Cuba, el 8 de diciembre de 1948.

Graduado como profesor de Historia y Geografía en la Universidad de Oriente, trabajó desde 1968 en varios centros de la enseñanza media y media superior, pasando posteriormente, -por examen de oposición-, a desempeñarse como profesor del Instituto de Perfeccionamiento Educacional Provincial de su ciudad natal, al tiempo que terminaba sus estudios de Licenciatura en Historia en la mencionada universidad, con altas calificaciones.

Desde junio de 1997 dirige el Centro de Estudio Antonio Maceo Grajales, institución dedicada a la investigación histórica sobre este héroe de las luchas de independencia cubanas y su familia en el siglo XIX, así como a las guerras independentistas. Ha realizado diversas investigaciones de carácter pedagógico e histórico alcanzando premios nacionales por esta labor. Entre las últimas se cuenta una Historia de Santiago de Cuba en el período colonial.

Ha publicado el libro “Antonio Maceo: advertencias desestimadas”, así como diversos trabajos y artículos en prensa escrita, y posee otros trabajos aprobados para publicar o de próxima aparición.

Es Investigador Agregado, y tiene la categoría docente de Profesor Auxiliar de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente.

Ha cursado diversos postgrados y realiza estudios de maestría actualmente. Además de su trabajo como director del Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales del Ministerio de Cultura, imparte docencia en la Sede Universitaria Municipal. Es vicepresidente del Consejo Científico Provincial de Historia.-



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