Nombre: pedsarod
Lugar: santo domingo, Dominican Republic

12.1.07

LA DESAPARICION DEL CAFE Y BAR IZMIR


Carlos Szwarcer

La desaparición del Café y Bar Izmir
- Pérdida del Patrimonio Cultural de Buenos Aires -


Por Carlos Szwarcer

Expulsados de España, a fines del siglo XV, los sefaradíes (1) iniciaron una nueva etapa de su extensa y sinuosa historia. El suelo español, en el que por generaciones tuvieron cuna y sepultura, fue evocado una y otra vez, no sólo por aquellos que marcharon al exilio sino por su propia descendencia. Ellos, sus hijos, y los hijos de sus hijos, siglo tras siglo, mantuvieron sus costumbres en las nuevas aldeas y metrópolis, en comarcas tan distintas y lejanas. Su bagaje fue una singular mezcla de nostalgia y esperanza por el lugar en el que convivieron con cristianos y musulmanes, la pasión por un pasado dorado, y la añoranza que acompaña al desarraigo.

El linaje judeo-español, de espíritu libre, inquieto y festivo, partió del vientre peninsular en busca de un lugar en el mundo. Deambuló por desiertos, villas y ciudades hasta afincarse en otros lares y, en ese obligado alejamiento, no obstante, Sefarad (2) quedó para siempre sellada en su cultura y sus recuerdos.

En tanto, el Imperio Otomano vio en las decenas de miles de emigrados sefaradíes una energía positiva y les ofreció un solidario hospedaje. El mismísimo Sultán les abrió las puertas invitándolos a quedarse, y en esta nueva encrucijada de la historia los judeo-españoles debieron habituarse a otros modos y costumbres. En ciudades como Tánger, Tetuán, Salónica, Rodas, Estambul, Izmir y tantas otras donde sentaron sus reales, crecieron y se multiplicaron como para convalidar las escrituras y, mayoritariamente, recrearon su existencia con cierto orgullo hispánico.

Si los sefaradíes llegaron a América desde el inicio del dominio español y se esparcieron por el nuevo continente con distintos nombres: cristianos nuevos, marranos, portugueses, judeo – portugueses, criptojudíos, etc., en la Argentina comenzó a ser cada vez más significativa su presencia a partir de fines del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX. El Preámbulo de la Constitución del año 1853 aseguraba a los inmigrantes que ésta era para los habitantes de la Nación Argentina y “... para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino...”.
En este contexto se produjeron notables cambios en Argentina; Buenos Aires, su capital, ponderada como “La Reina del Plata”, crece espectacularmente y se convierte en el receptáculo de una profusa mezcla de culturas. En uno de sus barrios, Villa Crespo, enclavado en la calle Gurruchaga, se erguía altivo el legendario y exótico Café Izmir, que dejaría la más profunda de las huellas en la memoria colectiva.

Origen del Café y Bar Izmir.

Los comienzos del Izmir se encuentran en un inquilinato de Gurruchaga 432-436. Sobre una de las salas y tres de sus habitaciones, su dueño, el asturiano Laureano Álvarez, construyó un local comercial hacia 1932. Al tiempo se lo alquiló a Jaim Danón, quien lo convirtió en Café, dándole el nombre de lzmir, en recuerdo de su ciudad natal. Fue a fines de esa década cuando Alejandro Rafael Alboger, sefaradí, se hizo cargo del fondo de comercio, comenzando una larga trayectoria de veinticinco años detrás del mostrador. Oriundo también de Izmir, (Esmirna), Turquía, y nacido el 30 de octubre de 1902, había llegado a Buenos Aires a comienzos de los años 20. Lustrabotas en el histórico Café Tortoni, en Avenida de Mayo al 800, y luego mozo y maître del mismo en la década siguiente, pasó a administrar aquel otro sitio caracterizado por diversidades étnicas. Con su serena bonhomía, pero fuerte personalidad, se convirtió en el anfitrión capaz de mantener un sutil equilibrio entre los parroquianos.

Convivían en el barrio de Villa Crespo representantes de las tres religiones monoteístas, por lo que algunas de las disquisiciones teológicas frecuentes en el lzmir, fueron relatadas por Leopoldo Marechal, en su novela Adán Buenosayres: el judío Abraham, el musulmán Abdalla y el cristiano Jabil defendían sus diferencias sobre el Mesías. “... Los tres hombres ocupaban una mesa del Café lzmir, y la discusión mantenida en lenguaje sirio se mezclaba con otras voces de timbre igual en aquel recinto sobresaturado de anises y tabacos fuertes. Junto a la vidriera, un músico abstraído hería, como en sueños, el cordaje de una cítara negra con incrustaciones de nácar…”. (3)

En verdad, la armonía entre las distintas colectividades del barrio fue un hecho común recordado por muchos testimonios que confirman el buen trato entre ellas. Movimiento, variedad, aromas, voces y melodías fueron convirtiendo, desde comienzos del siglo XX, a la calle Gurruchaga en un remedo pintoresco de una calleja de Izmir. Los relatos de sus antiguos moradores la evocan como “peatonal, una feria, un mercado persa” donde “la gente iba de aquí para allá”, “en paz, sin odios.” Fue paso ineludible de los vendedores ambulantes que acaparaban sus veredas con sus “tavás” y “pailones” (4) desbordantes de manjares típicos: reshas (dulces en formas de ochos, con sésamo), mulupitas (redonda, tipo vainilla), sham malí (galletitas de sémola con azúcar y media almendra cubierta con jalea), boyos (suerte de empanada redonda de hojaldre: de acelga, queso o berenjena), burekitas (pequeña empanada rellena de queso, huevo o berenjena, cubiertas con sésamo), kadaif (postre con almíbar, relleno de nueces), baklavá (masitas de nuez con jalea dulce), etc. (5) . En Gurruchaga se daba esta mezcolanza donde la exaltación de la vida adquiría su máxima expresión.

El Café y Bar Izmir ofrecía un ámbito para la magia, el ensueño y la sensualidad. Sitio de recreación de una muchedumbre frecuentemente humilde, los habitués, varones sefaradíes, en su mayoría, se entretenían allí jugando a las cartas, el table (similar al backgamon), charlaban entre ellos, con griegos y armenios, tanto en djudezmo (ladino) (6) como en turco (idioma en común dentro del Imperio Otomano). Todos ellos se solazaban en esta fascinante Babel al ritmo de la orquesta oriental (mandolín, laúd, kanún-instrumento de cuerda ejecutado con plectros-, pandereta, dumblek-tambor pequeño-, violín, etc.), y ante las sinuosas curvas de las odaliscas que danzaban al son de los chiftetellis (7).

La música invadía el local y su ritmo llegaba a la vereda, entre el humo del tabaco y de los shishes (trozos de carne, acompañados por un menjunje parecido a una ensalada, dentro de un pan árabe –pita-, cortado al medio). Otras especialidades eran el mezé (especie de picadita de platitos típicos: queso blanco, aceitunas, rabanitos, pepinos, huevo jaminado- duro-, etc.) y, obviamente, el rakí (anís).

En las paredes del salón, decoradas con arabescos y dibujos de palmeras que simulaban un oasis en el desierto, brillaban pequeños espejos romboidales. Imágenes de siluetas danzantes ocres y doradas recordaban “Las mil y una noches”, agregando al ambiente, sin duda, cierto grado de exotismo. Recordado como un lugar ameno y respetado: "...el Café lzmir en su momento era tradición… importante...una reliquia de Buenos Aires, de Villa Crespo. Ahí se sentaba gente grande de nuestra colectividad, iban camino al templo...a tomar un café. También la colectividad armenia, la griega, la musulmana...no había odios...en paz… En aquel tiempo eran todos respetados, amables... era punto de reunión...de referencia."(8)
Hacia el fin de una época.

Con el fallecimiento de Alboger en Abril de 1965, sus dos yernos intentaron por cuatro años mantener las características iniciales. Se cerró así un maravilloso y dorado ciclo. En noviembre de 1969, el asturiano Jesús Rodríguez compró el fondo de comercio y los años setenta asistieron a la lenta desaparición de los viejos “turcos"(9). El “espíritu oriental” ya no existía, y los habitués, a excepción de un pequeño grupo, eran otros: empleados de oficinas y albañiles de la zona. Los motivos de tal metamorfosis fueron varios: el cambio de dueño, de estilo, de sociedad, etc. Y lejos de las madrugadas, los discos de pasta, las orquestas con odaliscas, los refranes y los dichos en djudezmo, comenzó a languidecer y a cerrar sus oxidadas cortinas metálicas antes de las 18 hs.

Hemos evocado al Café Izmir, “lugar con representatividad socio-cultural para la comunidad; las historias allí vividas lo constituían en “un Bien Intangible e Inmaterial que daba cuenta de una identidad enraizada en el pasado, con memoria en el presente, reinterpretada por las sucesivas generaciones”: estas palabras, que lo describen perfectamente, son los requisitos señalados por la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para que un lugar sea considerado “Patrimonio Cultural”. Fue apreciado como “... parte de la esencia porteña” (10) y, con absoluta justicia, nombrado uno de los 39 Cafés Notables de la Ciudad por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares y Billares y Confiterías Notables de la Ciudad de Buenos Aires, además de citado en la lista de “emblemas porteños” de La Guía Total de Buenos Aires. (11) Cerró definitivamente sus persianas el 9 de octubre de 2000.

Una reflexión sobre la defensa del Patrimonio Cultural

Demolido a fines de Abril de 2004, el Café Izmir fue otra “víctima de la burocracia” - expresaron varios medios de comunicación - y de la mala voluntad de los dueños del predio que no quisieron dialogar ni con el Gobierno de la Ciudad ni con ciudadanos preocupados por la integridad de ese patrimonio del Buenos Aires cosmopolita. El Grupo Promotor del APH (Área de Protección Histórica) de Villa Crespo (12) presentó propuestas que respetaban el proyecto particular de levantar un edificio y al mismo tiempo preservaban el hito histórico.

Entre tanto, el 1º de Abril de 2004, la Dirección General de Patrimonio contesta al Grupo APH: el Café “amerita ser catalogado con grado de Protección Cautelar” y agrega un informe de valoración del inmueble en el que esa Dirección considera al mismo “… de alto valor cultural, simbólico y social, al que se debe agregar el tipológico por tratarse de uno de los últimos ejemplos de bar y café tradicional de la Ciudad de Buenos Aires.” (13) La misma dependencia, finalmente, el 18 de Noviembre de 2004, le informó al Grupo APH que “los permisos de obra y de demolición aprobados” hicieron “imposible dar cumplimiento a nuestro pedido” (de Protección Cautelar).

En todo caso, el atropello a este símbolo de la cultura porteña, es la consecuencia de la falta de una legislación acorde, acompañada de una lamentable apatía instalada en buena parte de la ciudadanía que observa con los brazos cruzados la destrucción de sus sitios emblemáticos más queridos. Sería absurdo oponerse al progreso, al avance, al mejoramiento de la calidad de nuestras vidas porque es absolutamente lógico y necesario estar a la altura de los tiempos, apoyando, por ejemplo, el redimensionamiento de las ciudades conforme a las necesidades de nuestra época, pero no a cualquier costo. Son pocas las voces que se alzan frente al avasallamiento de los restos del patrimonio cultural tangible que van quedando.

Para ser justos con aquellos que sí reaccionan y luchan por la defensa tanto de sus raíces como de la historia del lugar que los vio nacer, no cometeremos el error de generalizar, pero a la luz de los hechos que se suceden es inevitable indicar que una gran parte de la sociedad se muestra por lo menos adormilada, como desentendida o ignorante de sus derechos y obligaciones en cuanto al resguardo de su pasado. Observamos la demolición de nuestros hitos más preciados, lamentándolo luego, como si estos hechos debieran ocurrir fatal e irremediablemente. Es preciso señalar aquí que la mayor de las obligaciones recae en nuestras instituciones, en nuestros representantes: gobierno nacional, municipalidades, colectividades, etc., que deben ocuparse de debatir el futuro que deseamos fundándose en el pasado que nos sustenta. Estos son los ámbitos indicados para crear, promover, alentar proyectos adecuados de protección, escuchar las voces de alerta e idear herramientas idóneas que salvaguarden el patrimonio cultural, votando leyes justas, concensuadas, que respeten la historia y los lugares que dan sentido y explican la idiosincrasia de un pueblo.

Lo cierto es que, a pesar de los títulos grandilocuentes de algunos programas de preservación, es poco lo que se salva, pese a la voluntad y la gestión de algunos funcionarios que intentan estar a la altura de la responsabilidad que les confiere su cargo, a veces limitados por una burocracia elefantiásica o por la falta de fondos asignados para el sector.

La devastación del Café y Bar Izmir, es sólo un engranaje de una larga cadena de desaciertos. En cuanto a los medios de comunicación no siempre exponen este tipo de problemática, y en este caso recién reaccionaron, se movilizaron, cuando las topadoras ya habían comenzado a actuar. Importó informar en medio de la caída de los ladrillos y el polvo que se elevaba. Ese drama se transformó en interés periodístico para realizar “una nota de color”, sirvió a los fines de transmitir algunas palabras dolientes para los oyentes de las radios o dejar imágenes televisivas, ciertamente impactantes, para el rating o exhibir en los medios gráficos una última foto para el recuerdo.

Este ha sido el final del “Café y Bar Izmir”, un sitio de antología por donde pasaron diversas corrientes inmigratorias que aportaron, con sus denodados esfuerzos y sus sueños de paz, a la formación de la policromática nacionalidad argentina. (14) Insistiremos: “Los ciudadanos debemos ser custodios de la memoria que nos identifica con un territorio y con una manera de ser… (y citar) las sabias palabras del escritor Fréderic Mistral: `Los árboles de raíces más hondas son siempre los que crecen más alto´.”(15).

En cierto modo es el aporte del bagaje cultural familiar a la idiosincrasia de su aldea, de su ciudad, de su país lo que nos hace quienes somos; recordar de donde venimos y conservar aquello que recibimos de nuestros mayores, las tradiciones, las costumbres, los lugares que nos identifican, es un mandato que tiene que estar presente en este complejo proceso en el que globalización e identidad son dos caras de una misma moneda. Con la desaparición de edificios representativos como el Café Izmir - que caracterizaban la diversidad cultural, la convivencia pacífica y la identidad de Buenos Aires -, no cabe duda que toda la sociedad ha sido vulnerada sufriendo una mutilación de su memoria física. Ha ocurrido una pérdida irreparable, ha quedado un gran vacío. Que cada cual reflexione sobre la actitud que debemos tener cuando corre peligro de desvanecerse una parte de nuestra historia.
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Notas
1) Judíos que habitaban la península Ibérica.
2) Nombre dado a España.
3) Marechal, Leopoldo. “Adán Buenosayres”. Buenos Aires. 1994. Ed. Planeta. P 91.
4) Recipientes: en djudezmo (ladino).
5) Shaúl, Moshe y otros. “El Gizado Sefaradí. Recetas de komidas” Sefardis. Ed. Iber Caja. 1995.
6) Habla de los sefaradíes. Denominada indistintamente djudezmo, ladino, judeoespañol, castellano antiguo, espanyol, españolit, etc. Idioma de los judeo-españoles del siglo XV y que sus descendientes mantuvieron, con ligeras variantes, según la región, en cada aldea en la que se afincaron luego de la expulsión.
7) Música rítmica, turca y griega, frecuente en el Imperio Otomano.
8) Afirmaciones textuales de testimonios orales de sefaradíes tomados por el autor del artículo.
9) Se hace referencia aquí no a los turcos otomanos sino a los sefaradíes y diferentes etnias que vivieron en el Imperio Otomano (Turco) y que emigraron a la Argentina. Se los denominaba genéricamente “turcos” por tener el pasaporte de aquel país.
10) Spinetto, Horacio. “Cafés de Buenos Aires”. Buenos Aires. 1999. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. P 5.
11) Ciudad Abierta. “La Guía Total de Buenos Aires”. Buenos Aires. 2000 Año 1. Nº 1. P.5.
12) Integrado por las arquitectas Vivian Balanovsky y María Marta Lupano y el historiador Carlos Szwarcer.
El Grupo Promotor del APH (Área Protección Histórica) de Villa Crespo gestionó activamente la preservación de hitos históricos como el “Conventillo de la Paloma” y el “Café Izmir”. Sobre este último intentaron frenar su demolición ante la Dirección General de Planeamiento Interpretativo, la Defensoría del Pueblo, y la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
13) Nota Nº 324-DGPAT-2004
14) Szwarcer, Carlos. “El Café Izmir”. Todo es Historia. Nº 422. Septiembre de 2002. Buenos Aires. Argentina.
15) Szwarcer, Carlos. “Ultraje a la Diversidad Cultural”. Revista de Estudios Culturales del CECAO. Año II. Nº 20. Junio de 2004. Córdoba. Argentina.
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Carlos Szwarcer
Síntesis Curricular
Historiador y Periodista. Nacido en Buenos Aires, Argentina. - Conductor y Productor del programa "Esta es otra Historia" en FM.88. V. López. 1992-1994. - Columnista invitado del bloque de Historia en el programa "El Refugio de la Cultura", AM. Radio América.1994-1995. - Cobertura Periodística de eventos culturales, políticos y educativos. 1992-1995. - Investigador histórico para guiones de espectáculos y documentales; desarrollo y selección de Efemérides para la producción de programas radiales. - Investigador histórico de Barrios e Instituciones de Buenos Aires. - Escritor: artículos, ensayos, narrativa, etc., publicados en su país y el exterior. - Integrante del Grupo APH (Área de Protección Histórica) de Villa Crespo. 2003-2004. - Conferencias realizadas en entidades privadas, Instituciones dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Comisión de Protección y Promoción de los Cafés Notables de la Ciudad de Buenos Aires) y en encuentros internacionales sobre la historia de Buenos Aires y su relación con la inmigración, costumbres, tradiciones y diversidad cultural. - Participación en el emprendimiento "Patrimonio de los Barrios", de la Dirección General de Patrimonio (Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) con textos e imágenes para la definición de los Hitos Históricos Barriales incorporados como material didáctico para entidades educativas y de divulgación general. Auspiciado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos). 2003-2005. - Coordinador en diversas visitas a hitos históricos barriales en el marco del emprendimiento "Los Barrios Porteños… Abren sus Puertas", organizado por la Dirección General de Patrimonio - Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (actual Ministerio de Cultura). 2003 -2006. - Colaborador: Todo es Historia (Buenos Aires. Argentina) Revista Cuadernos del Tortoni (Buenos Aires. Argentina), Buenos Aires Cultural (Buenos Aires. Argentina). Revista del CECAO (Centro de Estudios Culturales. Córdoba. Argentina). Letras-Uruguay (Montevideo. Uruguay). Raíces (Madrid. España). Los Muestros (Periódico del Institut Sepharade Europeen. Bruselas. Bélgica), entre otros medios.
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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

.

7:13 PM  
Anonymous Anónimo said...

Brillante escrito. Felicitaciones al Sr. Szwarcer

9:50 AM  

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