La República Dominicana como protagonista en La fiesta del Chivo: Manuel A. Ossers
.
Por Manuel A. Ossers
University of Wisconsin-Whitewater
Manuel Ossers es escritor dominicano residente durante muchos años en Estados Unidos. Imparte docencia en University of Wisconsin-Whitewater. Por años ha sido colaborador importante de la revista Vetas.
.
Propongo en este ensayo un estudio sobre la República Dominicana como protagonista en la novela La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. A primera vista parecería casi un absurdo afirmar que la región aquí es la protagonista, pues es axiomático que la novela es sobre el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina; mas no se debe descuidar el papel vital que juega el país como punto geográfico en la realidad vivencial del dictador y otros personajes. De hecho, el meollo o el pretexto -dependiendo de cómo se mire- de la novela es el asesinato de Trujillo. La ubicación del asesinato es crucial en la realidad histórica, por eso no cambia en la realidad ficcional: en su visita regular a San Cristóbal, su pueblo natal, Trujillo tenía que pasar por el punto donde lo esperaban sus ejecutadores.
Tal localización no es sólo de primordial importancia porque el plan fue exitoso, sino también -y mucho más relevante- porque la estructuración y la tematización de la novela giran tanto alrededor de la espera para el ajustamiento como del sitio en sí mismo. Otros puntos regionales también contribuyen al todo novelesco, como la ciudad de San Cristóbal, donde el dictador construyó la lujosa residencia llamada La Casa de Caoba, asiento de sus victimizaciones sexuales. Las calles de Santo Domingo también cumplen un papel esencial en la novela por su unidad narrativa en función de la rutina diaria de Trujillo y de la experiencia afectiva de otros personajes. La propia naturaleza sanguinaria y macabra de la dictadura trujillista hace de otros lugares elementos centrales en este largo y angustioso momento de la historia dominicana.
Claro que todo en el universo ocurre dentro de los perímetros del espacio y el tiempo; mas en La fiesta del Chivo el espacio no es meramente un depositario de hechos, sino que éstos están íntimamente ligados a los sitios donde tienen lugar. Es casi como si la región tuviese tanta relevancia como los eventos que la ocupan. Tal percepción es el resultado del lector estar en frente de una novela histórica cuando aquél posee conocimiento -por modesto que sea- de los hechos históricos en los cuales se basa la ficción; especialmente cuando la importancia de los hechos dimensiona a través de la historia los lugares donde ocurrieron. Y así, la región deviene sinónima del hecho.
Desde la primera página de esta novela se comienza a notar la pertinencia temático-estructural de la región cuando el narrador se autocorrige al mencionar la ciudad capital con su nombre actual de Santo Domingo en vez de Ciudad Trujillo, para ajustarse así al tiempo al cual se refiere en el momento.
Que el narrador pretenda este momentáneo error de decir Santo Domingo en vez de Ciudad Trujillo, hace destacar este nombre dado a la capital por el mismo Trujillo en uno de sus arranques egolátricos: "In an act of self-paid homage, he daringly changed the nation's capital city-which for centuries had been called Santo Domingo-to Ciudad Trujillo" (Cambeira 181). Aunque técnicamente aquí la ciudad capital constituye un fondo espacial de la narración, tal manera de introducirla constituye un indicio ya de la interconexión vital entre el espacio y los hechos que lo ocupan. Pues Ciudad Trujillo aquí no es meramente un punto geográfico, sino que notamos fácilmente que tal nombre es una muestra de la personalidad ególatra de Trujillo, tan típica en los dictadores, pero que en el tirano dominicano alcanza proporciones extremas. Así lo explica Joaquín Balaguer, uno de los cortesanos más cercano al dictador:
Todo el sistema político trujillista gira en torno al culto de la personalidad. Puede ser que ese rasgo se descubra también en situaciones semejantes creadas en distintos países de América, pero no con el grado que la divinización del caudillo alcanzó en la República Dominicana. Trujillo no sólo sojuzgó la voluntad, sino el pensamiento mismo de sus conciudadanos. La vida nacional, durante más de 30 años, fluctúa totalmente en torno a su nombre y obedece a directrices de su carácter absorbente (Balaguer 73-74).
La descripción de varios puntos de la ciudad capital es otro ejemplo del papel esencial del espacio en función de la tematización y estructuración de La fiesta del Chivo. Tales descripciones no son meros fondos decorativos de la narración, sino que forman un acoplamiento con los hechos histórico-fíccionales del desarrollo novelesco. En primer lugar, estas descripciones no son dadas por un narrador omnisciente e imparcial como marco narrativo, sino que emanan del personaje mismo: Urania, el personaje ficcional central (en comparación con Trujillo, el personaje histórico central) en su contemplación de la ciudad desde la habitación de su hotel o en sus caminatas o vueltas en taxi por sus calles, observa los grandes cambios -o los pocos en algunos casos- en los 35 años que ha residido en los Estados Unidos sin nunca haber vuelto a su tierra hasta ahora.
La conexión aquí entre el espacio y el tiempo va al meollo del desarrollo temático, pues las reflexiones comparativas que interiormente hace Urania entre la ciudad del pasado y la del presente son elementos de la ecuación fáctica donde se encuentran las incógnitas de la salida repentina y secreta de Urania de su país en 1961 a la edad de 14 años. En un paseo por las calles de Santo Domingo, Urania se cuestiona ahora el motivo de su regreso después de tantos años. Tal autocuestionamiento es un indicio de esas incógnitas vitales, como se revela con otras claves poco a poco en el desarrollo temático, culminando con el despeje de la ecuación encubridora de la dolorísima experiencia causante del perenne traumatismo síquico que sufre Urania. Pero antes de continuar con el despejo de la ecuación, veamos un ejemplo del indicio que dan los interrogantes contenidos en tal ecuación vivencial:
Probarte que puedes caminar por las calles de esta ciudad que ya no es tuya, recorrer este pais ajeno, sin que ello te provoque tristeza, nostalgia, odio, amargura, rabia, ¿o has venido a enfrentar a la ruina que es tu padre? A averiguar qué impresión te hace verlo, después de tantos años. Un escalofrío le corre de la cabeza a los pies (16).
A través de los pensamientos que la ocupan durante su caminata -según el trozo citado-, es patente que Urania padece de un profundo trauma sicológico y que su padre juega un papel esencial en el mismo. Como el propósito de esta ponencia no es penetrar en la sique malograda de Urania, la mención aquí de tal trauma tiene por objetivo mostrar la hermética conexión entre las calles -y el país en general- y el estado emocional y mental de la protagonista, para así evidenciar el rol crucial del lugar en el desenvolviento de las realidades externas e intestinas de los personajes, en vez de ser el espacio un mero fondo descriptivo.
Es decir, las calles, los edificios, la ciudad, el país se describen o mencionan en lo que señalen, marquen o revelen sobre la realidad vivencial de los personajes. Es importante hacer la distinción entre esta descripción funcional de la región y la descripción de la región como simple depositaría de un hecho narrado. En la primera, una es parte del otro en una codependencia vital, mientras que en el otro tipo de descripción el lugar sólo está al servicio del hecho narrado sin alcanzar la misma dimensión de éste.
Si las calles y otros lugares de Santo Domingo funcionan como catalizadores de los pensamientos de Urania que a su vez declaran indicios de su pertubación síquica, la ciudad de San Cristóbal, y en particular la residencia de Trujillo llamada la Casa de Caoba, es el lugar a donde nos llevan esos indicios.
Cuando Urania, entonces contaba con 14 años de edad, un colaborador de Trujillo y el chofer "habían entrado a San Cristóbal, ciudad famosa porque en ella nació el Jefe" (516), ella todavía no tenía la menor idea de lo que la esperaba en la Casa de Caoba y esto a pesar de las dudas que la hicieron cuestionar hasta cierto punto la naturaleza del viaje. Sola con Trujillo, se encuentra sometida a los caprichos sexuales de este anciano de 70 años de edad, quien después de todo queda impotente ante ella, pero se empecina en desflorarla de todos modos, porque uno de sus morbíficos placeres que su poder absoluto sobre los dominicanos le permitía era despojar a las jovencitas de su virginidad. Pero esta vez, a causa de su sorpresiva impotencia sexual, "tenía los ojos enrojecidos y en sus pupilas ardía una luz amarilla, febril, de rabia y vergüenza. La miraba... con una hostilidad beligerante, como si ella le hubiera hecho un daño irreparable" (526-527). Y luego le anuncia: "—Te equivocas si crees que vas a salir de aquí virgen, a burlarte de mí con tu padre -deletreaba, con sorda cólera, soltando gallos" (527). Sus encolerizadas palabras revelan no sólo la humillación de su impotencia sexual en sí misma, sino que además la caída de su orgullo viril se intensifica en su caso porque su falo constituye también una fuente del simbolismo de su poder político: "For his own political symbol, Trujillo chose the royal palm, erect, phallic, steadfast, hardly scrabbling for power" (Wucker 21).
Así que arremete sexualmente contra Urania: "sus dedos... exploraban, escarbaban y entraban en ella a la fuerza. Se sintió rajada, acuchillada; un relámpago corrió de su cerebro a los pies. Gimió, sintiendo que se moría (52 7).
Al traumatizante dolor de esta violación se añade otro incalculable sufrimiento: el hecho que este encuentro con Trujillo fue facilitado por el propio padre de Urania -el cual había caído en desgracia con el dictador- en espera que al ofrecerle su hija al Generalísimo Trujillo, éste lo aceptaría de nuevo en su círculo de cortesanos.
La magnitud de esta doble tragedia amplifica también la importancia en el todo narrativo del lugar donde ocurre, la Casa de Caoba, porque esta casa estaba prácticamente destinada y acomodada para los placeres carnales de Trujillo. Curiosamente, a pesar de su poder absoluto sobre cada dominicano, incluyendo la mujer víctima de su apetito sexual, el dictador prefería "seducir" a la mujer de turno a pesar de que ella no tenía ninguna alternativa. Tal era su plan con Urania, pero como vimos, ante su falla peneana, la "seducción" culmina en su agresión sexual contra ella.
Al principio de esta ponencia notamos la relevancia temática de las calles de Santo Domingo en función de la realidad vivencial de Urania. Las calles también cumplen un papel predominante a partir de las vivencias de Trujillo y sus cortesanos porque en ellas presenciamos un ejemplo más del ilimitado poder del sátrapa sobre los dominicanos, en particular aquí sobre sus propios colaboradores. Sus acostumbradas caminatas vespertinas comienzan en la Avenida Máximo Gómez y continúan por la Avenida George Whashington a la orilla del Mar Caribe. Siempre lo acompaña una gran comitiva de altos funcionarios civiles y militares: "Caminaba por la derecha, seguido por los cortesanos abiertos en abanico y grupos que ocupaban la pista y la vereda" (383). La formación en abanico o en V de sus palaciegos detrás de él, muestra distintivamente la subyugación incuestionable con la que él impera sobre ellos. Y como si esto fuera poco, es tal el servilismo con que se ven forzados a obedecerle porque de ello depende la vida y la muerte de todos ellos, que es un destacado honor cuando uno de ellos es elegido a caminar junto a él (aun fuese para ser regañado): "Todos esperaban que éste indicara quién podía acercarse" (íbid).
Veamos otro ejemplo de la salivación de vehemencia, ansiedad y timidez con la cual cada uno espera la fortuna de ser uno de los llamados: "Después de media cuadra, aspirando el aliento de los jardines, se volvió, buscó la cabeza semicalva de Modesto Díaz y le hizo una seña. Hubo una pequeña confusión, pues el pulposo senador Chirinos, que iba junto a Modesto Díaz, creyó ser el ungido y se precipitó hacia el Generalísimo. Fue atajado y devuelto al montón" (Ibid). Esta contienda por la atención del dictador entre sus ayudantes más cercanos, es una extensión del culto a la personalidad de Trujillo que ya se había comenzado a desarrollar en menos de cuatro años de su ascenso al poder del gobierno dominicano en 1930: "El culto a Trujillo y la exaltación de su persona creó una competencia entre sus servidores más connotados, los cuales luchaban entre sí por loar y excitar su vanidad y deseo de gloria" (Peguero 359).
Con respecto otra vez a la precipitación del senador Chirinos hacia el Generalísimo -cuando en desilusionado error se cree el elegido del momento a caminar junto a él pero "fue atajado y devuelto al montón", como vimos hace un momentito; notamos la intencionalidad intensifícadora de la expresión en la utilización de la palabra montón, con la cual se destaca la naturaleza casi abúlica de la personalidad de los cortesanos de Trujillo cuando se encuentran ante la prepotencia de su presencia.
De modo que las rutinarias caminatas de Rafael Leónidas Trujillo Molina y sus oficiales y funcionarios por las avenidas Máximo Gómez y George Washington, hacen de éstas un claro testimonio histórico de la relación de señor y siervos entre él y ellos.
Como el título sugiere, La fiesta del Chivo, el drama central de la novela es el ajusticiamiento de Trujillo; el cual incluye tres partes: los momentos antes de la ejecución, el momento de la ejecución y los eventos que siguen a la ejecución. Y alrededor de esos momentos se narra la historia de la Era de Trujillo y del personaje ficticio de Urania. Según el gran historiador dominicano Frank Moya Pons, la conspiración "contó con el apoyo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos... Alentados por ese apoyo, este grupo de hombres, dirigidos por un amigo de infancia de Trujillo, Juan Tomás Díaz, urdió la trama atacar a Trujillo a balazos cuando se dirigiera a San Cristóbal, cosa que hicieron el 30 de mayo de 1961. (Moya Pons 523-524). Y así, el ajusticiamiento del dictador se lleva a cabo en la carretera que va a San Cristóbal, como sabemos, la ciudad natal de Trujillo a la cual él viajaba con frecuencia; por eso le tenían la emboscada en esta carretera, de la cual la Avenida George Washington es una extensión; así que lo esperaban estacionados en tres carros a cierta distancia uno del otro en el Malecón, dentro de los límites de la ciudad capital, pero un sitio entonces desolado. La espera del paso del auto de Trujillo se colma de ansiedad, desesperación y desaliento:
—No va a venir -exclamó, de pronto, Salvador-. Otra noche perdida, verán.
—Vendrá -repuso al instante Amadito, con impaciencia-. Se ha puesto el uniforme verde oliva. Los ayudantes militares recibieron orden de tenerle listo el Chevrolet azul. ¿Por qué no me creen? Vendrá.
Salvador y Amadito ocupaban la parte posterior del automóvil aparcado frente al Malecón y habían tenido el mismo intercambio un par de veces, en la media hora que llevaban allí. Antonio Imbert, al volante, y Antonio de la Maza a su lado, el codo en la ventanilla... Los cuatro miraban ansiosos los ralos vehículos de Ciudad Trujillo que pasaban frente a ellos... rumbo a San Cristóbal.
Ninguno era el Chevrolet azul celeste, modelo 1957, con cortinillas en las ventanas, que esperaban (45). Esto es sólo el principio de la intensidad dramática de la espera. Mucho más adelante continúa la agonizante espera: "-Qué mierda hacemos aquí -rabió Pedro Livio Cedeño-. Las diez menos cuarto. ¡Ya no vendrá!" (321).
Por fin, sin embargo, "El Chevrolet de Trujillo apareció, a menos de cien metros, detenido y ladeado hacia la derecha de la carretera, con los faros encendidos. 'Ahí está', ¡Es él, coño!', gritaron Pedro Livio y Huáscar en el instante en que volvían a estallar disparos de revólver, de carabina, de ametralladora... (Pedro Livio), ansioso, a voz en cuello—: ¿Está muerto el Chivo? —Requetemuerto, Negro —dijo, a su lado, Huáscar Tejeda-. ¡Míralo!" (325). Aunque breve, este ejemplo de una de las escenas del ajusticiamiento del sátrapa manifiestan, como es de esperarse, el inmenso dramatismo del momento expresado a través de la violencia de la situación y la ansiedad, el alivio, la alegría y la satisfacción de los protagonistas de este crucial momento en la historia de la República Dominicana. Y así, la carretera de la capital a San Cristóbal por siempre queda felizmente marcada en la conciencia colectiva dominicana como el escenario donde se da el último acto del drama de la brutal, sanguinaria y absoluta dictadura trujillista.
En fin, los lugares aquí visitados y otros, como el Palacio Nacional, centros de tortura, como el llamado La 40, el Congreso Nacional, fortalezas, fincas, hogares; todos ellos sumados en una sola región, la República Dominicana, protagonizan este drama único conocido como la Era de Trujillo.
OBRAS CITADAS
Balaguer, Joaquín. Memorias de un cortesano de la "Era de Trujillo". 7ma. ed. Santo Domingo: Editora Corripio, 1989.
Cambeira, Alan. Quisqueya la Bella: The Dominican Republic in Historical and Cultural Perspective. New York: M.E. Sharpe, 1997.
Moya Pons, Frank. Manual de historia dominicana. Santiago, República Dominicana: Universidad Católica Madre y Maestra, 1977.
Peguero, Valentina y Danilo de los Santos. Visión general de la historia dominicana. Santiago, República Dominicana: Universidad Católica Madre y Maestra, 1977.
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del Chivo. Santo Domingo: Taller, 2000.
Wacker, Michelle. Why The Cocks Fight: Dominicans, Haitians, and the Struggle for Hispaniola. New York: Hill and Wang, 2000.
-----
Ir a la portada de Vetas Digital:
http://vetasdigital.blogspot.com
.
Propongo en este ensayo un estudio sobre la República Dominicana como protagonista en la novela La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. A primera vista parecería casi un absurdo afirmar que la región aquí es la protagonista, pues es axiomático que la novela es sobre el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina; mas no se debe descuidar el papel vital que juega el país como punto geográfico en la realidad vivencial del dictador y otros personajes. De hecho, el meollo o el pretexto -dependiendo de cómo se mire- de la novela es el asesinato de Trujillo. La ubicación del asesinato es crucial en la realidad histórica, por eso no cambia en la realidad ficcional: en su visita regular a San Cristóbal, su pueblo natal, Trujillo tenía que pasar por el punto donde lo esperaban sus ejecutadores.
Tal localización no es sólo de primordial importancia porque el plan fue exitoso, sino también -y mucho más relevante- porque la estructuración y la tematización de la novela giran tanto alrededor de la espera para el ajustamiento como del sitio en sí mismo. Otros puntos regionales también contribuyen al todo novelesco, como la ciudad de San Cristóbal, donde el dictador construyó la lujosa residencia llamada La Casa de Caoba, asiento de sus victimizaciones sexuales. Las calles de Santo Domingo también cumplen un papel esencial en la novela por su unidad narrativa en función de la rutina diaria de Trujillo y de la experiencia afectiva de otros personajes. La propia naturaleza sanguinaria y macabra de la dictadura trujillista hace de otros lugares elementos centrales en este largo y angustioso momento de la historia dominicana.
Claro que todo en el universo ocurre dentro de los perímetros del espacio y el tiempo; mas en La fiesta del Chivo el espacio no es meramente un depositario de hechos, sino que éstos están íntimamente ligados a los sitios donde tienen lugar. Es casi como si la región tuviese tanta relevancia como los eventos que la ocupan. Tal percepción es el resultado del lector estar en frente de una novela histórica cuando aquél posee conocimiento -por modesto que sea- de los hechos históricos en los cuales se basa la ficción; especialmente cuando la importancia de los hechos dimensiona a través de la historia los lugares donde ocurrieron. Y así, la región deviene sinónima del hecho.
Desde la primera página de esta novela se comienza a notar la pertinencia temático-estructural de la región cuando el narrador se autocorrige al mencionar la ciudad capital con su nombre actual de Santo Domingo en vez de Ciudad Trujillo, para ajustarse así al tiempo al cual se refiere en el momento.
Que el narrador pretenda este momentáneo error de decir Santo Domingo en vez de Ciudad Trujillo, hace destacar este nombre dado a la capital por el mismo Trujillo en uno de sus arranques egolátricos: "In an act of self-paid homage, he daringly changed the nation's capital city-which for centuries had been called Santo Domingo-to Ciudad Trujillo" (Cambeira 181). Aunque técnicamente aquí la ciudad capital constituye un fondo espacial de la narración, tal manera de introducirla constituye un indicio ya de la interconexión vital entre el espacio y los hechos que lo ocupan. Pues Ciudad Trujillo aquí no es meramente un punto geográfico, sino que notamos fácilmente que tal nombre es una muestra de la personalidad ególatra de Trujillo, tan típica en los dictadores, pero que en el tirano dominicano alcanza proporciones extremas. Así lo explica Joaquín Balaguer, uno de los cortesanos más cercano al dictador:
Todo el sistema político trujillista gira en torno al culto de la personalidad. Puede ser que ese rasgo se descubra también en situaciones semejantes creadas en distintos países de América, pero no con el grado que la divinización del caudillo alcanzó en la República Dominicana. Trujillo no sólo sojuzgó la voluntad, sino el pensamiento mismo de sus conciudadanos. La vida nacional, durante más de 30 años, fluctúa totalmente en torno a su nombre y obedece a directrices de su carácter absorbente (Balaguer 73-74).
La descripción de varios puntos de la ciudad capital es otro ejemplo del papel esencial del espacio en función de la tematización y estructuración de La fiesta del Chivo. Tales descripciones no son meros fondos decorativos de la narración, sino que forman un acoplamiento con los hechos histórico-fíccionales del desarrollo novelesco. En primer lugar, estas descripciones no son dadas por un narrador omnisciente e imparcial como marco narrativo, sino que emanan del personaje mismo: Urania, el personaje ficcional central (en comparación con Trujillo, el personaje histórico central) en su contemplación de la ciudad desde la habitación de su hotel o en sus caminatas o vueltas en taxi por sus calles, observa los grandes cambios -o los pocos en algunos casos- en los 35 años que ha residido en los Estados Unidos sin nunca haber vuelto a su tierra hasta ahora.
La conexión aquí entre el espacio y el tiempo va al meollo del desarrollo temático, pues las reflexiones comparativas que interiormente hace Urania entre la ciudad del pasado y la del presente son elementos de la ecuación fáctica donde se encuentran las incógnitas de la salida repentina y secreta de Urania de su país en 1961 a la edad de 14 años. En un paseo por las calles de Santo Domingo, Urania se cuestiona ahora el motivo de su regreso después de tantos años. Tal autocuestionamiento es un indicio de esas incógnitas vitales, como se revela con otras claves poco a poco en el desarrollo temático, culminando con el despeje de la ecuación encubridora de la dolorísima experiencia causante del perenne traumatismo síquico que sufre Urania. Pero antes de continuar con el despejo de la ecuación, veamos un ejemplo del indicio que dan los interrogantes contenidos en tal ecuación vivencial:
Probarte que puedes caminar por las calles de esta ciudad que ya no es tuya, recorrer este pais ajeno, sin que ello te provoque tristeza, nostalgia, odio, amargura, rabia, ¿o has venido a enfrentar a la ruina que es tu padre? A averiguar qué impresión te hace verlo, después de tantos años. Un escalofrío le corre de la cabeza a los pies (16).
A través de los pensamientos que la ocupan durante su caminata -según el trozo citado-, es patente que Urania padece de un profundo trauma sicológico y que su padre juega un papel esencial en el mismo. Como el propósito de esta ponencia no es penetrar en la sique malograda de Urania, la mención aquí de tal trauma tiene por objetivo mostrar la hermética conexión entre las calles -y el país en general- y el estado emocional y mental de la protagonista, para así evidenciar el rol crucial del lugar en el desenvolviento de las realidades externas e intestinas de los personajes, en vez de ser el espacio un mero fondo descriptivo.
Es decir, las calles, los edificios, la ciudad, el país se describen o mencionan en lo que señalen, marquen o revelen sobre la realidad vivencial de los personajes. Es importante hacer la distinción entre esta descripción funcional de la región y la descripción de la región como simple depositaría de un hecho narrado. En la primera, una es parte del otro en una codependencia vital, mientras que en el otro tipo de descripción el lugar sólo está al servicio del hecho narrado sin alcanzar la misma dimensión de éste.
Si las calles y otros lugares de Santo Domingo funcionan como catalizadores de los pensamientos de Urania que a su vez declaran indicios de su pertubación síquica, la ciudad de San Cristóbal, y en particular la residencia de Trujillo llamada la Casa de Caoba, es el lugar a donde nos llevan esos indicios.
Cuando Urania, entonces contaba con 14 años de edad, un colaborador de Trujillo y el chofer "habían entrado a San Cristóbal, ciudad famosa porque en ella nació el Jefe" (516), ella todavía no tenía la menor idea de lo que la esperaba en la Casa de Caoba y esto a pesar de las dudas que la hicieron cuestionar hasta cierto punto la naturaleza del viaje. Sola con Trujillo, se encuentra sometida a los caprichos sexuales de este anciano de 70 años de edad, quien después de todo queda impotente ante ella, pero se empecina en desflorarla de todos modos, porque uno de sus morbíficos placeres que su poder absoluto sobre los dominicanos le permitía era despojar a las jovencitas de su virginidad. Pero esta vez, a causa de su sorpresiva impotencia sexual, "tenía los ojos enrojecidos y en sus pupilas ardía una luz amarilla, febril, de rabia y vergüenza. La miraba... con una hostilidad beligerante, como si ella le hubiera hecho un daño irreparable" (526-527). Y luego le anuncia: "—Te equivocas si crees que vas a salir de aquí virgen, a burlarte de mí con tu padre -deletreaba, con sorda cólera, soltando gallos" (527). Sus encolerizadas palabras revelan no sólo la humillación de su impotencia sexual en sí misma, sino que además la caída de su orgullo viril se intensifica en su caso porque su falo constituye también una fuente del simbolismo de su poder político: "For his own political symbol, Trujillo chose the royal palm, erect, phallic, steadfast, hardly scrabbling for power" (Wucker 21).
Así que arremete sexualmente contra Urania: "sus dedos... exploraban, escarbaban y entraban en ella a la fuerza. Se sintió rajada, acuchillada; un relámpago corrió de su cerebro a los pies. Gimió, sintiendo que se moría (52 7).
Al traumatizante dolor de esta violación se añade otro incalculable sufrimiento: el hecho que este encuentro con Trujillo fue facilitado por el propio padre de Urania -el cual había caído en desgracia con el dictador- en espera que al ofrecerle su hija al Generalísimo Trujillo, éste lo aceptaría de nuevo en su círculo de cortesanos.
La magnitud de esta doble tragedia amplifica también la importancia en el todo narrativo del lugar donde ocurre, la Casa de Caoba, porque esta casa estaba prácticamente destinada y acomodada para los placeres carnales de Trujillo. Curiosamente, a pesar de su poder absoluto sobre cada dominicano, incluyendo la mujer víctima de su apetito sexual, el dictador prefería "seducir" a la mujer de turno a pesar de que ella no tenía ninguna alternativa. Tal era su plan con Urania, pero como vimos, ante su falla peneana, la "seducción" culmina en su agresión sexual contra ella.
Al principio de esta ponencia notamos la relevancia temática de las calles de Santo Domingo en función de la realidad vivencial de Urania. Las calles también cumplen un papel predominante a partir de las vivencias de Trujillo y sus cortesanos porque en ellas presenciamos un ejemplo más del ilimitado poder del sátrapa sobre los dominicanos, en particular aquí sobre sus propios colaboradores. Sus acostumbradas caminatas vespertinas comienzan en la Avenida Máximo Gómez y continúan por la Avenida George Whashington a la orilla del Mar Caribe. Siempre lo acompaña una gran comitiva de altos funcionarios civiles y militares: "Caminaba por la derecha, seguido por los cortesanos abiertos en abanico y grupos que ocupaban la pista y la vereda" (383). La formación en abanico o en V de sus palaciegos detrás de él, muestra distintivamente la subyugación incuestionable con la que él impera sobre ellos. Y como si esto fuera poco, es tal el servilismo con que se ven forzados a obedecerle porque de ello depende la vida y la muerte de todos ellos, que es un destacado honor cuando uno de ellos es elegido a caminar junto a él (aun fuese para ser regañado): "Todos esperaban que éste indicara quién podía acercarse" (íbid).
Veamos otro ejemplo de la salivación de vehemencia, ansiedad y timidez con la cual cada uno espera la fortuna de ser uno de los llamados: "Después de media cuadra, aspirando el aliento de los jardines, se volvió, buscó la cabeza semicalva de Modesto Díaz y le hizo una seña. Hubo una pequeña confusión, pues el pulposo senador Chirinos, que iba junto a Modesto Díaz, creyó ser el ungido y se precipitó hacia el Generalísimo. Fue atajado y devuelto al montón" (Ibid). Esta contienda por la atención del dictador entre sus ayudantes más cercanos, es una extensión del culto a la personalidad de Trujillo que ya se había comenzado a desarrollar en menos de cuatro años de su ascenso al poder del gobierno dominicano en 1930: "El culto a Trujillo y la exaltación de su persona creó una competencia entre sus servidores más connotados, los cuales luchaban entre sí por loar y excitar su vanidad y deseo de gloria" (Peguero 359).
Con respecto otra vez a la precipitación del senador Chirinos hacia el Generalísimo -cuando en desilusionado error se cree el elegido del momento a caminar junto a él pero "fue atajado y devuelto al montón", como vimos hace un momentito; notamos la intencionalidad intensifícadora de la expresión en la utilización de la palabra montón, con la cual se destaca la naturaleza casi abúlica de la personalidad de los cortesanos de Trujillo cuando se encuentran ante la prepotencia de su presencia.
De modo que las rutinarias caminatas de Rafael Leónidas Trujillo Molina y sus oficiales y funcionarios por las avenidas Máximo Gómez y George Washington, hacen de éstas un claro testimonio histórico de la relación de señor y siervos entre él y ellos.
Como el título sugiere, La fiesta del Chivo, el drama central de la novela es el ajusticiamiento de Trujillo; el cual incluye tres partes: los momentos antes de la ejecución, el momento de la ejecución y los eventos que siguen a la ejecución. Y alrededor de esos momentos se narra la historia de la Era de Trujillo y del personaje ficticio de Urania. Según el gran historiador dominicano Frank Moya Pons, la conspiración "contó con el apoyo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos... Alentados por ese apoyo, este grupo de hombres, dirigidos por un amigo de infancia de Trujillo, Juan Tomás Díaz, urdió la trama atacar a Trujillo a balazos cuando se dirigiera a San Cristóbal, cosa que hicieron el 30 de mayo de 1961. (Moya Pons 523-524). Y así, el ajusticiamiento del dictador se lleva a cabo en la carretera que va a San Cristóbal, como sabemos, la ciudad natal de Trujillo a la cual él viajaba con frecuencia; por eso le tenían la emboscada en esta carretera, de la cual la Avenida George Washington es una extensión; así que lo esperaban estacionados en tres carros a cierta distancia uno del otro en el Malecón, dentro de los límites de la ciudad capital, pero un sitio entonces desolado. La espera del paso del auto de Trujillo se colma de ansiedad, desesperación y desaliento:
—No va a venir -exclamó, de pronto, Salvador-. Otra noche perdida, verán.
—Vendrá -repuso al instante Amadito, con impaciencia-. Se ha puesto el uniforme verde oliva. Los ayudantes militares recibieron orden de tenerle listo el Chevrolet azul. ¿Por qué no me creen? Vendrá.
Salvador y Amadito ocupaban la parte posterior del automóvil aparcado frente al Malecón y habían tenido el mismo intercambio un par de veces, en la media hora que llevaban allí. Antonio Imbert, al volante, y Antonio de la Maza a su lado, el codo en la ventanilla... Los cuatro miraban ansiosos los ralos vehículos de Ciudad Trujillo que pasaban frente a ellos... rumbo a San Cristóbal.
Ninguno era el Chevrolet azul celeste, modelo 1957, con cortinillas en las ventanas, que esperaban (45). Esto es sólo el principio de la intensidad dramática de la espera. Mucho más adelante continúa la agonizante espera: "-Qué mierda hacemos aquí -rabió Pedro Livio Cedeño-. Las diez menos cuarto. ¡Ya no vendrá!" (321).
Por fin, sin embargo, "El Chevrolet de Trujillo apareció, a menos de cien metros, detenido y ladeado hacia la derecha de la carretera, con los faros encendidos. 'Ahí está', ¡Es él, coño!', gritaron Pedro Livio y Huáscar en el instante en que volvían a estallar disparos de revólver, de carabina, de ametralladora... (Pedro Livio), ansioso, a voz en cuello—: ¿Está muerto el Chivo? —Requetemuerto, Negro —dijo, a su lado, Huáscar Tejeda-. ¡Míralo!" (325). Aunque breve, este ejemplo de una de las escenas del ajusticiamiento del sátrapa manifiestan, como es de esperarse, el inmenso dramatismo del momento expresado a través de la violencia de la situación y la ansiedad, el alivio, la alegría y la satisfacción de los protagonistas de este crucial momento en la historia de la República Dominicana. Y así, la carretera de la capital a San Cristóbal por siempre queda felizmente marcada en la conciencia colectiva dominicana como el escenario donde se da el último acto del drama de la brutal, sanguinaria y absoluta dictadura trujillista.
En fin, los lugares aquí visitados y otros, como el Palacio Nacional, centros de tortura, como el llamado La 40, el Congreso Nacional, fortalezas, fincas, hogares; todos ellos sumados en una sola región, la República Dominicana, protagonizan este drama único conocido como la Era de Trujillo.
OBRAS CITADAS
Balaguer, Joaquín. Memorias de un cortesano de la "Era de Trujillo". 7ma. ed. Santo Domingo: Editora Corripio, 1989.
Cambeira, Alan. Quisqueya la Bella: The Dominican Republic in Historical and Cultural Perspective. New York: M.E. Sharpe, 1997.
Moya Pons, Frank. Manual de historia dominicana. Santiago, República Dominicana: Universidad Católica Madre y Maestra, 1977.
Peguero, Valentina y Danilo de los Santos. Visión general de la historia dominicana. Santiago, República Dominicana: Universidad Católica Madre y Maestra, 1977.
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del Chivo. Santo Domingo: Taller, 2000.
Wacker, Michelle. Why The Cocks Fight: Dominicans, Haitians, and the Struggle for Hispaniola. New York: Hill and Wang, 2000.
-----
Ir a la portada de Vetas Digital:
http://vetasdigital.blogspot.com
.
Animamos a nuestros lectores a que opinen sobre este artículo y comenten su valoración del mismo. Muchas gracias.
2 Comments:
La verdad me parece interesante, pero mas que un ensayo me parece un resumen comentado en su mayoria... digo en su mayoria pues hay momentos donde justificas el titulo de tu ensayo.
Pero me va ayudar un poco para un ensayo que redactando estoy
Hola, me llamo Alejandro Renza y yo vivo en Colombia, estoy mirando su página es muy hermosa y me encantaría que usted visitará mi página, http://renzadeportes.blogspot.com/ hay encontráras, deportes, peleas, adivinanzas, chistes, etc.
te esto esperando
Publicar un comentario en la entrada
Links to this post:
Crear un enlace
<< Home